El poder de la Práctica Reflexiva en la educación de primera infancia — Parte I: ayudar a quienes cuidan a conectar con su mejor versión

La Práctica Reflexiva asegura que todos los integrantes que trabajan en la comunidad educativa tengan la oportunidad de comunicar sus reflexiones sobre cómo su trabajo, su rol, sus actos y sus palabras impactan en los demás, y cómo ellos, a su vez, son impactados por su trabajo.

~ Dr. Donna Housman, fundadora y CEO de Housman Institute

En un artículo para Edutopia, la trabajadora social clínica Megan Tavares escribe: “Reflexionar sobre uno mismo… puede ayudarnos a darnos cuenta de si lo que estamos haciendo funciona. Al acompañar a un aprendiz en su autorregulación, una de las razones por las que esa reflexión es importante es la capacidad de notar nuestro propio ánimo y nuestra propia presentación. Si no, podemos crear problemas sin saberlo, coescalando en lugar de corregulando”.1

Para todos los educadores y las personas cuidadoras, hay un gran valor en poder entender y manejar lo que sentimos a través de la reflexión sobre uno mismo. Al hacerlo, podemos ayudar a los niños a hacer lo mismo.

Como bien sabemos, los niños son detectives emocionales. Captan todo, incluidas las respuestas y reacciones verbales y no verbales de los adultos importantes de su mundo. Si esos adultos importantes no nos damos cuenta de nuestras propias emociones, no tenemos las habilidades para entenderlas y manejarlas, o no tenemos una manera de practicar activamente la reflexión sobre nosotros mismos, podemos estar aportando al problema sin saberlo, en lugar de trabajar hacia una solución.

Entonces, ¿cómo conectamos entre todos con nuestra mejor versión, para poder dar lo mejor no solo por los niños que cuidamos y a los que enseñamos, sino también por nosotros mismos?

La respuesta es la Práctica Reflexiva. En esta serie de 4 partes vamos a explorar el impacto importante que la reflexión sobre uno mismo, a través de la Práctica Reflexiva, puede tener en todos los integrantes de una comunidad escolar, y vamos a escuchar a maestros, mentores y familias sobre la diferencia que la Práctica Reflexiva hizo en ellos mismos y en su rol como socializadores clave para los niños. Pero primero, exploremos juntos los detalles de este proceso tan valioso.

¿Qué es la Práctica Reflexiva?
La Práctica Reflexiva es la adaptación que Housman Institute hace de la Supervisión Reflexiva. Es un proceso que se centra en la reflexión sobre uno mismo como manera de tomar más conciencia emocional, pensar de forma crítica, resolver problemas, identificar las propias áreas de crecimiento y cumplir esas metas en el trabajo de todos los días. Crea un entorno que impulsa la reflexión, la empatía, la comprensión, el apoyo y el crecimiento y el desarrollo profesional y personal. La Supervisión Reflexiva ocurre tradicionalmente en sesiones estructuradas entre un mentor, un coach o un supervisor de confianza y una persona mentoreada, pero con la Práctica Reflexiva, la reflexión sobre uno mismo, el pensamiento crítico y la resolución de problemas también pueden darse de manera menos formal entre todos los integrantes de tu comunidad educativa: entre educadores y niños, entre educadores y sus compañeros, o entre educadores y familias. La Práctica Reflexiva les permite a las personas tomar más conciencia de lo que las activa emocionalmente y aprender a manejarlo y atravesarlo con la guía de un mentor. Sienta las bases de un desarrollo profesional continuo a través de la reflexión constante, el apoyo de la comunidad y la conciencia emocional.

Dentro de las relaciones de Práctica Reflexiva, la confianza y la constancia son clave. Abrirse y mostrar las propias dificultades y emociones puede hacernos sentir vulnerables. De hecho, las sesiones de Práctica Reflexiva pueden resultar incómodas al principio. Eso hace que el trabajo del mentor sea todavía más valioso e importante. Los mentores necesitan ser oyentes activos y cuidadosos, que comprendan, acepten y no juzguen. Ser colaborativo, de mente abierta, orientado a soluciones y contenedor prepara el terreno para una relación reflexiva exitosa entre mentores y personas mentoreadas.

Quizá ahora te estés preguntando: “Bueno, ¿y qué incluye exactamente la Práctica Reflexiva? ¿Cómo hago esto? ¿Cómo la incorporo a mi rutina? ¿Qué diferencia va a hacer para mí?”. ¡Todas son preguntas válidas! Vamos a recorrerlas juntos.

Las sesiones de Práctica Reflexiva tienen seis pasos clave que siguen el Ciclo Reflexivo de Gibbs. Durante esas sesiones, los mentores acompañan a las personas mentoreadas en su reflexión haciendo preguntas abiertas que disparen el pensamiento crítico, y escuchando activamente sus respuestas y sus aportes.

Paso 1: Descripción
El mentor invita a la persona mentoreada a describir una experiencia o un intercambio difícil preguntando “¿qué pasó?” y practicando la escucha activa. Eso le da un espacio seguro para reflexionar sobre la experiencia y describir los detalles de lo que pasó con sus propias palabras.

Paso 2: Emociones
El mentor invita a conectar esa experiencia difícil con lo que sintió, preguntando “¿qué te hizo sentir eso?” y siguiendo con la escucha activa. Conectar las emociones con una causa no solo ayuda a entender mejor lo que se siente, sino que además puede sacar a la luz aquello que activa emocionalmente, algo que el mentor puede después ayudar a atravesar y a manejar.

Paso 3: Evaluación
El mentor guía a la persona mentoreada a evaluar cómo salió la experiencia preguntando: “¿Qué salió bien? ¿Qué no? ¿En qué contribuiste tú?”. Es un paso importante, porque le quita el juicio a lo que pasó y permite mirar la experiencia desde una lente crítica y empática.

Paso 4: Análisis
El mentor acompaña a entender el significado de la experiencia preguntando: “¿Por qué crees que las cosas salieron bien? ¿Por qué otras no salieron como estaban planeadas?” y escuchando activamente antes de aportar su propia mirada. En este punto de la sesión, la persona mentoreada puede reflexionar sobre lo que aprendió, sobre qué más podría haber funcionado mejor, y acercarse a armar un plan.

Paso 5: Conclusión
El mentor pregunta: “¿Qué podrías haber hecho distinto?” y acompaña a cerrar la reflexión y el aprendizaje. Una vez más, hacer preguntas abiertas permite que casi todo el pensamiento crítico y la planificación salgan de las ideas de la propia persona mentoreada, lo que hace más probable que sostenga los cambios.

Paso 6: Plan de acción
El mentor invita a pensar qué haría distinto preguntando: “¿Qué vas a hacer distinto si aparece una situación parecida? ¿Qué apoyo necesitas para lograrlo?”. Este último paso es crucial. Que se arme un plan no significa que la sesión haya terminado. La persona mentoreada necesita la certeza de que va a haber seguimiento y responsabilidad, además de apoyo para llevar adelante su plan de acción.

Seguir cada uno de los pasos de la Práctica Reflexiva puede ayudarnos a reflexionar más sobre nosotros mismos y, a su vez, a tener más conciencia emocional. Los mentores pueden disparar esa reflexión, además del pensamiento crítico y la resolución de problemas, para que podamos ser más proactivos con lo que nos estresa y con los hechos que lo provocan. Los pasos de la Práctica Reflexiva también se pueden aplicar en las rutinas diarias con los niños a nuestro cuidado, con los compañeros de trabajo, con las familias y con toda la comunidad.

Por qué importa la Práctica Reflexiva
Cuando podemos dar un paso atrás y darnos cuenta de que “esto no está funcionando”, terminamos dándonos espacio para considerar qué podría funcionar mejor. Ya sea cómo nos relacionamos con los niños, cómo acompañamos sus muchas emociones y conductas, o cómo desarrollamos currículos o actividades atractivas, la Práctica Reflexiva nos permite mirar hacia adentro para poder presentarnos y dar nuestra mejor versión para los niños. Podemos reflexionar sobre sus necesidades y ajustar nuestro tono de voz, nuestras expresiones faciales, nuestro lenguaje corporal, nuestras estrategias de acompañamiento y nuestra manera de resolver problemas, todo pensando en ellos, para que aprender sea divertido. La Práctica Reflexiva les permite a educadores y personas cuidadoras usar la empatía y practicar el ponerse en el lugar del otro, reflexionando no solo sobre cómo podemos sentirnos nosotros, sino sobre cómo pueden sentirse los demás, y buscando activamente maneras de mejorar la comunicación. Podemos sintonizar las respuestas emocionales de los demás para actuar con compasión y empatía en las conversaciones difíciles, y crear alianzas respetuosas en lugar de enfrentamientos. La Práctica Reflexiva también les permite a mentores y supervisores recibir a otros en un entorno seguro para identificar sus áreas de crecimiento, sus metas y cómo alcanzarlas.

El acto de reflexionar sobre uno mismo a través de la Práctica Reflexiva les permite a todas las personas cuidadoras conectar con su mejor versión, en lo personal y en lo profesional, lo que puede fortalecer a toda la comunidad escolar. Vimos de primera mano cómo mejorar esa reflexión nos benefició como maestros en el salón con nuestros alumnos, como seres humanos en casa con la familia y los amigos, y como mentores que siguen los pasos de la Práctica Reflexiva para dar nuestra mejor versión y acompañar a otros a hacer lo mismo.

Referencias:
“A Teacher’s Use of Self in the Preschool Classroom.” s. f. Edutopia. Consultado el 4 de enero de 2023. https://www.edutopia.org/article/teachers-use-self-preschool-classroom.
Lee la serie completa de Práctica Reflexiva

Ayudar a quienes cuidan a conectar con su mejor versión
El camino de una educadora
La importancia de las relaciones de mentoría
Ayudar a las familias a conectar con su mejor versión
Consejos diarios para conectar con tu mejor versión

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Lauren Sturtz

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