Para mí, el aprendizaje temprano lo es todo.
Es la base sobre la que se construye la vida entera de un niño, y empieza mucho antes de lo que la mayoría imaginamos. Mucho antes de que un niño tome un lápiz o reconozca una letra, ya está aprendiendo. Está aprendiendo a sentir. A confiar. A conectar. A darle sentido a un mundo que, al principio, le es del todo nuevo.
Esas primeras experiencias influyen en cada etapa de aprendizaje que viene después.
Durante más de treinta y cinco años he trabajado junto a niños, familias y educadores, y una verdad no ha hecho más que aclararse con el tiempo: el aprendizaje emocional va primero. Antes de que un niño pueda absorber contenido académico, antes de que pueda sentarse en la ronda y seguir instrucciones, antes de que pueda sostener una amistad o resolver un problema, tiene que aprender primero a reconocer lo que siente, a nombrarlo y a atravesarlo con el apoyo de un adulto de confianza.
El aprendizaje temprano es mucho más que preparación para la escuela: es el proceso de construir los cimientos de una vida. Y es profundo.
Los primeros cinco años: el desarrollo cerebral más decisivo que vivirá un ser humano
Los primeros cinco años de vida son el periodo de desarrollo cerebral más decisivo que vivirá un ser humano. La arquitectura neuronal que se construye en esos años —las conexiones, los patrones, las vías— se vuelve el plano de todo lo que viene después. Lo que ponemos en esa ventana importa. La sintonía, el lenguaje, la empatía, la curiosidad y la calidez asientan una base de posibilidad. El estrés, la vergüenza, el silencio y la desconexión asientan algo mucho más difícil de deshacer más tarde.
Por eso creo, con cada fibra de mi ser, que prevenir es mucho más fácil que reparar.
El enfoque ECSEL: la inteligencia emocional como base del aprendizaje temprano
Fue esa convicción —que la inteligencia emocional es la base que le falta al aprendizaje temprano— la que me llevó a desarrollar el enfoque ECSEL: Emotional, Cognitive, and Social Early Learning, es decir, aprendizaje emocional, cognitivo y social en la primera infancia. ECSEL se apoya en décadas de investigación en desarrollo infantil, neurociencia y práctica clínica, y parte de una premisa sencilla pero transformadora: las emociones no son una distracción del aprendizaje. Son aprendizaje. Y cuando les enseñamos a los niños, desde bebés, a identificar, entender y atravesar sus emociones, desbloqueamos todo lo demás.
ECSEL es el marco. Con begin to ECSEL lo llevamos a los salones. Nuestro programa insignia de desarrollo profesional les da a los educadores de primera infancia las herramientas, el lenguaje y las prácticas para incorporar la inteligencia emocional en cada interacción, cada transición, cada momento del día. No les pedimos a los maestros que agreguen una cosa más a un plato ya lleno. Los ayudamos a transformar lo que ya están haciendo, para que el aprendizaje emocional se vuelva la tierra en la que crece todo el resto del aprendizaje.
Y para los niños creamos la serie de libros ECSELent Adventures, donde dos hermanos nutrias, Hemmy y Shemmy, acompañan a los lectores pequeños a explorar sentimientos grandes de maneras que se sienten seguras, familiares y alegres. Porque los niños aprenden mejor a través del cuento, y porque cada niño merece ver su mundo interior devuelto con cuidado.
Cómo se ve de verdad la inteligencia emocional en la primera infancia
Cuando les damos a nuestros niños más pequeños las herramientas de la inteligencia emocional —cuando ayudamos a una niña de tres años a entender su frustración, cuando ayudamos a un niño de cuatro a encontrarle palabras a su tristeza, cuando les enseñamos a los educadores a hacer una pausa y corregular en vez de reaccionar—, no estamos simplemente manejando conductas. Estamos formando seres humanos. Estamos construyendo la capacidad de aprender, de querer, de liderar y de florecer.
En el siguiente ejemplo, Miller, un niño de 3 años, dijo que tenía algo muy importante que contarme, y anunció: “¡Estoy tan frustrado!”. Cuando le pregunté qué lo hacía sentirse así, respondió que durante la hora de recoger, su compañera Lizzy le había tumbado los bloques y que él se sintió “muy frustrado”.
Miller siguió explicando, con orgullo, que usó sus palabras y le dijo que parara, pero “ella no escuchó.”. Así que fue donde su maestra, que entonces le dijo a Lizzy que congelara el cuerpo. “Lizzy sí escuchó. Usó sus orejas de escuchar, y entonces yo dije: ‘Vamos a la Peace Table y resolvamos el problema juntos.’”. El proceso que ocurre en la Peace Table es una negociación estructurada entre los niños involucrados en un conflicto, y termina en identificar soluciones posibles y poner en práctica la que se acordó.
Miller no solo usó con éxito sus palabras para expresar lo que sentía, tanto en pleno momento como al contarlo después, sino que además pidió el apoyo de la maestra para ayudar a su compañera a hacer lo mismo.
Rachel Carson lo dice mejor…
“Creo sinceramente que, para el niño, y para quien lo guía, no es ni la mitad de importante saber que sentir. Si los hechos son las semillas que después producen conocimiento y sabiduría, entonces las emociones y las impresiones de los sentidos son la tierra fértil en la que esas semillas tienen que crecer… Una vez encontrado, tiene un sentido que dura. Es más importante allanar el camino para que el niño quiera saber que ponerlo a dieta de datos que todavía no está listo para asimilar.” – Rachel Carson, Sense of Wonder.
El aprendizaje temprano, bien hecho, no es un calentamiento para la escuela “de verdad”. Es la educación más importante que va a recibir una persona. Es donde vive la prevención. Es donde empieza la posibilidad. Y es donde nosotros, como sociedad, tenemos la mayor oportunidad de cambiar la trayectoria, y no solo la de un niño. Los efectos llegan mucho más allá de un solo niño: alcanzan y moldean los salones, las familias y las comunidades.
Housman Learning: inteligencia emocional para educadores, niños y familias
Por eso fundé Housman Learning. Por eso nuestro equipo trabaja todos los días para liberar todo el potencial de educadores, niños y familias con la inteligencia emocional. Porque cada niño merece ser visto, comprendido y equipado con las herramientas internas para llegar a ser su versión más plena, más capaz y más conectada. Y porque los primeros años son donde se escribe ese futuro.
Es una responsabilidad en la que nunca he dejado de creer.
Y ese es el trabajo que vinimos a hacer.



