Reconocer tu incertidumbre les muestra a tus hijos el camino a la resiliencia

Este mes llegamos a un aniversario extraño. Pasó un año desde las primeras muertes reportadas por la pandemia en Estados Unidos y, esta semana, cruzamos el umbral oscuro del medio millón de muertes por COVID-19. Con las vacunas llegando a cada vez más gente, hay una sensación de luz al final del túnel. Pero la mayoría de los chicos todavía no están en la escuela, ni van a fiestas de cumpleaños, ni visitan a la abuela, ni salen de vacaciones. Los más pequeños quizá ni recuerden la vida sin mascarillas, ni entrar a la casa de otras personas.

Como familias, sentimos la responsabilidad de sostener la normalidad para nuestros hijos, aunque su mundo sea de todo menos normal. Quizá hayas logrado explicarles por qué no pueden invitar amigos a casa. Usaste estrategias y técnicas para ayudarlos a canalizar sus emociones en direcciones más constructivas y a mirar hacia un horizonte esperanzador, no muy lejano. ¿Pero te crees tú tus propias palabras? Desde bebés, los niños pueden percibir las señales emocionales no dichas de los adultos. ¿Cómo le damos sentido a esto para ellos, cuando ni siquiera estamos seguros de que esté bien para nosotros?

Hay una preocupación extendida por los efectos en la salud mental de criar niños pequeños durante una cuarentena, y la investigación confirma esa realidad inquietante. Entre las familias, el 42 por ciento dice sentirse sola al menos unas cuantas veces por semana desde que empezó la pandemia, según datos del American Enterprise Institute. Datos del Brigham and Women’s Hospital revelan que el 36 por ciento de las mujeres embarazadas o en posparto reportó niveles clínicamente significativos de depresión, frente al 15-20 por ciento previo a la pandemia. De igual modo, la cuarentena afecta el desarrollo emocional y social de los niños, con síntomas que incluyen más apego, irritabilidad, sueño alterado, falta de atención y ansiedad por separación, según la revista Psychiatry Research.

Pero es importante tener presente que los niños son resilientes. Y con la campaña de vacunación agarrando ritmo, lo más probable es que estemos hablando de unos pocos meses más de atravesar este tiempo de aislamiento, no de una eternidad.

Intentamos ayudar a nuestros hijos a entender que esto es temporal, pero las palabras son frases huecas si no están respaldadas por un mensaje emocional y no verbal que suene verdadero. Seguimos en el invierno de nuestro descontento. Pero hay prácticas y miradas importantes que pueden ayudarnos mientras atravesamos estos días extraños.

  • Cuando tanto es distinto, la rutina importa más que nunca. Las rutinas dan una sensación de seguridad y de previsibilidad. Los horarios y los hábitos transmiten que, aunque nuestros días sean distintos —sin los horarios escolares de siempre ni las tardes de juego—, sigue habiendo seguridad en lo conocido. Mantenemos las horas de comer, nos cepillamos los dientes y nos acostamos a la misma hora. Seguimos teniendo tareas de la casa, como poner la mesa y tender la cama, porque son tareas importantes y parte de ser un integrante responsable de la familia. Estas actividades también nos dan un ancla en el tiempo, que nos amarra firmemente al ahora, nos conecta con un ayer sano y nos permite anticipar un buen mañana. El mensaje de que algunas cosas siguen igual y hay que atenderlas es un contrapeso importante a la incertidumbre.
  • Reconocer lo que sentimos nosotros es crítico para ayudar a nuestros hijos a atravesar lo que sienten ellos. Decir en voz alta cómo estamos comunica que entendemos que las emociones importan y que nos importan. Valoramos que los niños puedan tener emociones que no entienden, y queremos escucharlos y ayudarlos a entender, atender y manejar las suyas. Lo más importante: queremos que sepan que no están solos en lo que sienten, y darles un vistazo de cómo atendemos nosotros lo nuestro. A veces ni mamá ni papá tienen ganas de quitarse el pijama para trabajar desde casa, así que entiendo que no quieras cambiarte para tu videollamada. Pero te cuento por qué creo que es importante. 
  • El cerebro joven está especialmente cableado para buscar respuestas. Los avances de la neurociencia y los estudios de desarrollo infantil muestran que la primera infancia es un período sensible y crítico en el crecimiento de la arquitectura del cerebro, y un momento oportuno para desarrollar inteligencia emocional. Mientras más ayudemos a nuestros hijos a darse cuenta de sus emociones y a manejar su intensidad, más van a fortalecer esas experiencias las vías neuronales del desarrollo de la empatía, de la capacidad de atender el estrés y la ansiedad, y de la confianza para atravesar crisis y problemas sociales futuros.
  • Sé el cambio: ayuda a otros a ayudarse. Encontrar maneras de ser útil en la comunidad es una fuente poderosa de empatía en los niños, y la confianza que ganan con su aporte les da poder. Puede que los niños no puedan participar de la escuela, de los deportes y de las actividades, ni viajar como acostumbraban. Pero juntos podemos modelar la participación en actividades y esfuerzos que marcan una diferencia en nuestras comunidades, como llevarles comida o compras a personas que no pueden salir, hacer donaciones a refugios o arreglar jardines y parques para preparar la primavera. Pueden parecer gestos pequeños, pero son actividades con efectos emocionales duraderos y con el beneficio añadido de crear una sensación de capacidad personal y de cambio positivo, sobre todo en un momento en que hay tanta necesidad.

Quizá creas que puedes esconderles tu estrés y tu ansiedad a tus hijos. Pero no puedes. Los niños son detectives emocionales: captan las discrepancias entre lo que decimos y cómo nos comportamos. Si las señales emocionales que emanan de las personas que los cuidan no coinciden con sus actos, los niños no van a saber a cuál creerle. La verdad se impone.

Los niños necesitan un modelo confiable que ayude a cultivar su propia resiliencia y a sostener con éxito el estrés y la ansiedad de los tiempos difíciles. Ser auténtico con lo que sientes les muestra a tus hijos la regulación emocional y el autocuidado en acción. Eso no te hace menos confiable como adulto; te hace creíble.

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Dr. Donna Housman

Construyamos un Futuro más Brillante para Cada Niño
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