Cada año pensamos en serio en cómo llegar a ser nuestra mejor versión cuando atravesamos preguntas que tienen que ver con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma. Sea sobre el peso, el conocimiento, la vida espiritual o la forma en que nos vinculamos y nuestras relaciones. ¿Pero qué pasa con nuestras emociones, esa fuerza decisiva que impulsa lo que pensamos, lo que hacemos y lo que sentimos? ¿Dónde y cómo encajan nuestras emociones en la vida a la hora de cultivar una imagen más positiva de nosotros mismos, una sensación de bienestar, el éxito, y la amabilidad y la compasión hacia los demás?
Manejar las emociones: la puerta de entrada a cumplir los sueños

Poder manejar mejor tus emociones —y entender las de los demás— es clave para alcanzar tus ilusiones, tus metas y tus sueños. Impulsar las bases de la inteligencia emocional desde el nacimiento ayuda a los niños a construir cerebros sanos, y da forma al patrón de la arquitectura cerebral para toda la vida. Ese proceso les permite seguir viviendo, expresando y manejando sus emociones de maneras sanas y constructivas, mientras se vuelven competentes para entender y atender lo que sienten ellos y lo que sienten los demás.
Competencia emocional y autorregulación
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La meta de desarrollar competencia emocional, que lleva a la autorregulación, no es deshacerse de las emociones difíciles, esas que cuesta tanto sentir como manejar, sino poder hacerse amigo de las emociones grandes y naturales y aprender a manejarlas de formas útiles y sanas. Al hacerlo se abren muchísimas puertas que pueden emparejar la cancha, dar oportunidades óptimas, llevar a un estado general de bienestar y potenciar el éxito académico y el de toda la vida.
Atender bien las emociones grandes —tanto las negativas como las positivas— es importante no solo para nuestra salud mental y nuestro funcionamiento cognitivo, sino también para nuestra salud física.
Las emociones como lenguaje universal

Las emociones son el primer lenguaje universal de las personas y la manera más esencial en que nos comunicamos con el mundo y entre nosotros, y en que reaccionamos a ambos. Para los bebés y los niños pequeños, los educadores y las familias que los rodean son guías esenciales que modelan la autorregulación a través de la corregulación, parte fundamental de que los niños aprendan a atender sus emociones naturales de todos los días, incluidas la ansiedad y el estrés…
La doble importancia del bienestar emocional de educadores y familias

Por eso es igual de importante que los educadores y las familias atiendan su propio bienestar emocional, para poder dar la guía que los niños necesitan al aprender a manejar sus emociones y las de los demás.
¿Y cómo hacemos esto? Bueno, primero tenemos que darnos cuenta de lo que sentimos y entenderlo: conocer nuestras emociones. Una vez que las conocemos, necesitamos saber qué hacer con ellas, es decir, cómo expresar, manejar y regular con eficacia lo que sentimos. Si lo desglosamos en 4 bases, quedan los siguientes 4 pasos escalonados en el camino hacia ser emocionalmente inteligentes:
El camino hacia la inteligencia emocional: las cuatro bases
- Reconocimiento e identificación de las emociones (conocimiento emocional)
🔹Reconocer e identificar tus propias emociones y las de los demás. - Comprensión (conocimiento emocional)
🔹Darte cuenta de las emociones y poder distinguirlas con precisión. - Expresión (regulación emocional)
🔹Poder expresar las emociones de forma constructiva. - Regulación (regulación emocional)
🔹Poder sostener una emoción intensa.
Relacionado: conoce más sobre los cuatro cuadrantes de la inteligencia emocional.
El impacto de la inteligencia emocional en el desarrollo de los niños
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Este camino hacia ser emocionalmente inteligentes no solo les da a los niños la capacidad de desarrollar una imagen segura y positiva de sí mismos, sino que además los pone en la senda de construir relaciones positivas y seguras, y abre caminos importantes para cultivar el pensamiento crítico y un aprendizaje óptimo.
Conclusión: un compromiso renovado con la inteligencia emocional en 2024

Para poder aprender, los niños primero tienen que ser capaces de manejar sus emociones. En definitiva, aprender exige poder prestar atención, tener paciencia, perseverar, enfrentar los errores y mantener el foco cuando aparece la frustración: todo eso es posible cuando las emociones se manejan bien. Sabemos, por experiencia y por investigación, que cuando el cerebro está desbordado por emociones sin manejar, no puede aprender.
En 2024 podemos renovar el compromiso de abrirles el camino a nuestros niños —y a nosotros mismos— para alcanzar nuestras ilusiones, nuestras metas y nuestros sueños, poniendo la inteligencia emocional como prioridad.



