Las bases del juego dramático

“Juego dramático”. Para mis colegas de educación de primera infancia, estas palabras pueden significar muchas cosas: imaginación, creatividad, un desastre a la hora de ordenar, disfrazarse, negociaciones con lágrimas sobre quién hace de “mamá”, “¡Bienvenidos a nuestro restaurante! ¿Qué desean comer?” y mucho más. Esa es la belleza del juego dramático: es un tiempo y un espacio para que los niños se expresen con libertad y exploren sus muchos intereses; para tener capacidad de decidir y tomar el control como productores, directores y actores en un mundo donde muchas veces son otros los que les dicen cómo hacer las cosas. Los niños absorben información todo el tiempo de sus experiencias del día a día. Notan y observan cómo se relacionan con ellos las personas que los cuidan, cómo resuelven problemas sus personajes favoritos de televisión, de libros y de películas, y cómo participan sus pares y sus maestros de una jornada escolar. Los niños pueden aprender de esos intercambios y procesarlos después a través del juego imaginativo. Cuando la inteligencia emocional pasa a formar parte del aprendizaje y de los intercambios cotidianos de un niño, eso también se teje dentro de la estructura de su juego creativo.

A través de mi experiencia como educadora begin to ECSEL, aprendí lo importante que es guiar a los niños por las bases de la inteligencia emocional: identificar y reconocer las emociones en uno mismo y en los demás, entender las causas de las emociones y las diferencias entre ellas, expresarlas de maneras constructivas y poder regular las emociones intensas, tanto las positivas como las negativas. Como educadora de niños pequeños, también aprendí que cada niño es único en su manera de aprender; cada uno aprende distinto. Con eso en mente, uso el juego dramático como vehículo para potenciar la inteligencia emocional en mi salón. Uno de mis proyectos favoritos del currículo es que la clase cree su propia obra (o musical) a partir de los personajes que quieren ser y de un problema que tengan que resolver juntos. Me encanta ver lo entusiasmados que se ponen al describir y nombrar sus propios personajes, y cómo escarban en sus propias experiencias para proponer un problema y maneras de resolverlo:

“¿Y si mi personaje, el águila calva, extraña a su mamá, a su papá y a su hermanito, y todos sus amigos lo ayudan a sentirse mejor?”

“Quizá todos los superhéroes quieren salvar el día pero no pueden solos, tienen que trabajar en equipo”.

“Yo creo que las dos princesas quieren la corona, pero tienen que aprender a compartir”.

Al estirar la diversión imaginativa y creativa del juego dramático hacia una actividad estructurada del currículo, los niños tienen oportunidades de ponerle nombre a lo que sienten los personajes, entender qué pasó para que se sintieran así, elegir cómo sus personajes van a comunicarles a otros lo que sienten y decidir cómo resolver el problema para que se sientan mejor: todas las bases de la inteligencia emocional que los van a ayudar a atravesar y manejar sus propias experiencias y expresiones emocionales.

Aunque algunas actividades de juego dramático están planificadas, también he observado momentos así durante los ratos libres de elección. Con begin to ECSEL como parte de su día, hay un cambio notable en cómo los niños responden, se comunican y se relacionan entre ellos durante su juego creativo. Cuando asumen roles de cuidado, como familiares, médicos, veterinarios y maestros, los escucho preguntarles a sus amigos, a sus muñecos o a sus peluches “¿estás bien? ¿Qué necesitas para sentirte mejor?”. Cuando juegan a ser superhéroes en el patio, escucho que las conversaciones se corren de “¡atrapemos a los malos!” a “¿cómo podemos salvar el día y resolver el problema?”. Cuando maestros y personas cuidadoras modelan empatía y amabilidad en los momentos de emoción intensa, guían a los niños en su comprensión de las emociones y responden de maneras adecuadas a sus preguntas emocionales, los están socializando de formas emocionalmente inteligentes. Y cuando después se los deja con su propia imaginación, esa es la manera que eligen para relacionarse con los demás.

Para muchísimos de mis preescolares a lo largo de los años, el juego dramático ha sido su rincón favorito del salón, sin discusión. Es un entorno creativo donde pueden hacer tonterías, ser distintos, ser valientes y ser amables con los demás. También es, en inglés, la zona más difícil de pronunciar para los niños pequeños, lo que no parece muy justo. Sin embargo, muchas veces me cuesta corregirlos cuando piden un turno en el “Juego Mágico”, porque en cierto modo… ¡no están equivocados!

Para más ideas sobre cómo aprovechar al máximo tu rincón de juego dramático y encender la creatividad en el día de tus niños, descarga nuestros Consejos e ideas para el juego dramático.

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Lauren Orf

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