¡A todos nos vendría bien una dosis extra de sol y de aire fresco para sacudirnos los últimos restos del invierno y volver a sentirnos nosotros mismos! Estar encerrados demasiado tiempo pasa factura a la salud mental, y los maestros y las familias de niños pequeños lo saben muy bien: tener pocas maneras de sacar la energía de más lleva a niños (y adultos) desregulados.
Por suerte llegó la primavera, y pasar tiempo afuera es una de las mejores maneras de reiniciar el sistema nervioso, regular las emociones intensas y sentirnos más con los pies en la tierra. Para los niños pequeños, que todavía necesitan ayuda para regular su cuerpo y sus emociones, eso significa que el aire libre puede ser un compañero perfecto de corregulación.
Corregulación frente a autorregulación
La corregulación es el primer paso en el camino hacia la autorregulación. La autorregulación es una habilidad que se aprende y que brota de la corregulación, en la que las personas cuidadoras acompañan, modelan y enseñan a los niños pequeños a fortalecer sus habilidades de regulación emocional. O sea que, como familias, maestros y cuidadores, importa cómo tú expresas y regulas tus emociones intensas.
Al corregular, tus acciones y tus respuestas importan: los niños te miran a ti para saber qué hacer después. Usar un tono de voz calmado, modelar cómo respirar hondo, un contacto suave que tranquilice y ponerte a la altura del niño son todos componentes importantes de la corregulación.
Cuando los niños empiezan a calmarse, puedes introducir otras estrategias para que las exploren contigo en los momentos de desregulación: buscar un rincón tranquilo, leer un libro, apretar una almohada o salir a caminar. Con el tiempo van a aprender a recurrir solos a esas estrategias cuando sientan emociones grandes. ¡Hola, autorregulación!
Entrada relacionada: El poder de la regulación emocional y de las habilidades para resolver problemas
Ideas de actividades de regulación en la naturaleza
Si apenas estás empezando tu propio camino de autorregulación, o si sientes que necesitas un poco de apoyo para acompañar a los niños pequeños de tu vida con sus emociones grandes, ¡deja que la naturaleza y el aire libre lleven la delantera con estas actividades!
🌼Parar a oler las flores

Las flores florecen cuando sube la temperatura, y “oler las flores” es una gran actividad para que los niños aprendan a respirar hondo. Salgan a caminar por el barrio y que los niños estén atentos a alguna flor para oler. Guíalos a tomar aire hondo por la nariz y a soltarlo por la boca. ¿Cuántas flores pueden oler en el paseo?
Idea para ampliar: usar nuestros distintos sentidos nos ayuda a sentirnos presentes y seguros cuando aparece la ansiedad, y recurrir a sentidos diferentes ayuda a niños y adultos a sentirse más conectados con su cuerpo en los momentos emocionales grandes.
🌷¡Lleva esta actividad un paso más allá convirtiendo el paseo en una búsqueda sensorial de flores!
- ¿Cuántas flores amarillas pueden encontrar?
- ¿Pueden encontrar una flor con hojas peluditas? ¿Y una con el tallo espinoso?
- ¿Las flores tienen sonido? Si esta flor pudiera hablar, ¿cómo crees que sonaría?
- ¿Estas dos flores huelen igual o distinto?
🐤Meditación con canto de pájaros

¿Sabías que escuchar el canto de los pájaros ha demostrado reducir el estrés y mejorar nuestra salud mental? Tómense de 5 a 10 minutos para sentarse afuera, en el patio, en un parque o en un espacio tranquilo al aire libre, y afinen el oído para escuchar a los pájaros. Con los niños más grandes, guíalos a cerrar los ojos, concentrarse en su respiración y abrir las orejas para oír a los pájaros alrededor. Para los más pequeños, quedarse quietos 5 minutos puede ser más difícil, pero puedes usar preguntas para mantenerlos enfocados:
- ¿Cuántas respiraciones profundas podemos hacer antes de oír un pájaro?
- ¿Puedes buscar entre los árboles el pájaro que hace ese sonido?
- Contemos cuántos pájaros oímos hoy.
- ¿Puedes intentar hacer el mismo sonido que el pájaro que estamos oyendo?
- Estiremos las alas como un pájaro y batámoslas despacio, arriba y abajo.
🌳El rincón de la calma de la naturaleza

A veces solo necesitamos un rato a solas para recargar o para calmarnos. En casa o en el salón puedes aprovechar un espacio tranquilo para crear un rincón de la calma adentro, ¡pero no hay ninguna razón para no crear uno afuera también!
Esta actividad puede pedir varias salidas para recoger distintos elementos, pero mover el cuerpo y usar las manos para crear algo es otra gran manera de aterrizar y regularnos. Guía a los niños a buscar palos curvos, piedras planas y flores bonitas para crear su propio espacio donde sentarse, respirar hondo, leer un libro o simplemente pasar un rato afuera para descomprimir.
Deja que los niños lleven la delantera en cómo debería verse ese espacio acogedor, e invítalos a visitar ese rincón especial de la calma al aire libre cuando lo necesiten.




