Cada regreso a clases trae los nervios y la ilusión de siempre; pero este año es distinto, porque es la primera vez que los bebés y los niños de la pandemia llegan a la edad escolar. El New York Times¹ publicó hace poco un artículo que muestra cómo la pandemia afectó el desarrollo de bebés y niños pequeños, y cómo muchos de ellos presentan más desafíos del desarrollo que el promedio.
La razón: el aislamiento y el cuidado brindado por personas cuidadoras que, comprensiblemente, estaban estresadas, justo en los años más formativos y de crecimiento cerebral más rápido. El New York Times bautizó a ese grupo como “un tsunami de la pandemia”. Una maestra de preescolar entrevistada en el artículo contó que veía que los niños no se metían en el juego imaginativo ni buscaban a otros niños como lo hacían antes. ¿Y eso qué significa?
Las emociones primero: acompañar a maestros y estudiantes
Las emociones son el primer lenguaje universal de los niños, y los maestros siempre han tenido que responder a sus emociones grandes en el entorno de aprendizaje, sabiendo que antes de que ocurra cualquier aprendizaje académico las emociones tienen que estar reguladas. Pero ahora, con los bebés de la pandemia entrando a la escuela con más retrasos del desarrollo que el promedio, incluidos los sociales, los maestros van a necesitar estar aún mejor equipados para lidiar no solo con las emociones de los niños, sino también con las suyas propias, incluidos unos niveles de estrés más altos.
Para ayudar a estos niños a “ponerse al día”, tenemos que darles a nuestros maestros las herramientas que necesitan para enfrentar estos desafíos sin precedentes. Hay que acompañar a los maestros para que primero reconozcan y manejen sus propias emociones y después atiendan las de los niños, mientras los modelan y los guían.
Estrategias de regulación emocional en el salón
Los niños emocionalmente desregulados se expresan con estallidos de conducta. Una maestra de Florida citada en el artículo contó lo que veía entre sus alumnos de preescolar: “Era tumbar sillas, era tirar cosas, era pegarles a sus compañeros, pegarles a sus maestras”.
Al ofrecer relaciones seguras, empáticas y que responden a los niños, los maestros pueden ayudarlos a identificar, entender, comunicar y manejar sus emociones grandes. Y al hacerlo, van a ver cambios de conducta en el salón. Con las emociones en su sitio, se puede acceder a las funciones ejecutivas del cerebro —resolver problemas, memoria, planeación— y los niños pueden aprender.
Referencias:
1. https://www.nytimes.com/interactive/2024/07/01/upshot/pandemic-children-school-performance.html



