La comunicación nos permite conectar con los demás a través de expresiones de pensamiento, emoción y deseo. Nos enganchamos con los actores de la pantalla grande, sentimos empatía por los personajes de una novela que atrapa y nos duele el dolor de un amigo cuando nos cuenta lo que está pasando. La combinación de palabras, tono, lenguaje corporal y contacto nos da el poder de transmitir mensajes.
A medida que los niños pequeños empiezan a dominar el arte de la comunicación verbal, los adultos tenemos que darles las herramientas necesarias para comunicarse con eficacia. En ningún momento es esto más importante que en la primera infancia, cuando las habilidades del lenguaje recién están apareciendo.
“Desde el nacimiento, la comunicación no verbal es la manera principal en que un niño se relaciona”, cuenta Dr. Donna Housman, fundadora y CEO de Housman Institute. “Nuestro primer lenguaje en todo el mundo es el de la emoción, y las emociones informan e impulsan la comunicación no verbal”, dice Dr. Housman.
Leer con precisión el lenguaje corporal, el tono, el contacto visual y el espacio personal —todos elementos esenciales de la comunicación no verbal— es a la vez algo innato y algo aprendido, señala Dr. Housman. De nuevo, lo que informa esa comunicación no verbal es la emoción. Como educadores de primera infancia y personas cuidadoras, podemos ayudar a los niños pequeños a mejorar su capacidad de comunicarse con precisión y eficacia, y así sentar las bases de intercambios exitosos.
Los expertos coinciden con Dr. Housman. Joe Navarro, autor de la columna “Spycatcher” de Psychology Today, recomienda que los adultos empiecen a hablar de las señales no verbales con niños de apenas dos años. Y ofrece pautas para hacerlo, entre ellas: “lo que tu cuerpo me dice es más certero que lo que tú me dices, y me habla antes que tú”. El consejo de Navarro vuelve a reiterar que las emociones impulsan la comunicación no verbal.
La primera infancia es un momento crítico en el que tiene que empezar el aprendizaje emocional y social. Por eso Housman Institute —pionero en investigación y formación en educación de primera infancia— forma a los maestros para educar a los niños desde el nacimiento en cómo leer esas señales no verbales y entender la emoción que se expresa detrás de ellas. Con el modelo de orientación, modelado, guía e interiorización, los maestros colocan las bases fundacionales de la competencia emocional.
La enseñanza emocional y social se puede dar de muchas maneras: desde en pleno momento difícil (lo que Dr. Housman llamó Causal Talk in the Emotional Experience), hasta conversar sobre las escenas de un libro o los personajes de un dibujo, y todas ellas les permiten a bebés y niños pequeños empezar a aprender expresiones con matices, imprescindibles para comunicarse.
La importancia de leer las señales no verbales no termina en la infancia. Al contrario: la comunicación no verbal sigue siendo una vía principal de relación durante toda la vida. Jenni Ogden, autora de la columna “Trouble in Mind” de Psychology Today, sugiere que, tanto en niños como en adultos, poder “leer” con precisión las señales no verbales potencia la comprensión del mensaje.
Dominar el arte de la comunicación no verbal es un componente crítico de la competencia emocional, una construcción vital para el éxito de toda la vida. Dada la importancia de la comunicación no verbal a lo largo de la vida, tenemos que seguir inculcando estas competencias llenas de matices desde el nacimiento.



