Darle constancia a tu hijo frente a la incertidumbre

La constancia es uno de los componentes más importantes y esenciales de una crianza eficaz. En el programa begin to ECSEL, a las personas cuidadoras se les enseña que ser constante con los niños significa elegir a propósito cómo vas a relacionarte con ellos o cómo vas a responderles, y no ir cambiando ese rumbo con el tiempo. Ser constante es cumplir con lo que decimos que vamos a hacer, y a la vez asegurarnos de que lo que decimos y lo que hacemos sean lo mismo. Por ejemplo, elegir siempre conversar los problemas con calma en lugar de levantar la voz le va a enseñar a tu hijo que eres alguien accesible y tranquilo frente al conflicto. Para los niños, el proceso de aprender pasa por la guía a través del modelado, la interiorización, el ensayo y la repetición. Eso a su vez impulsa la interiorización, el proceso de hacer suyo algo. Cuando las personas cuidadoras son constantes en sus reacciones y en las consecuencias, los niños pueden predecir cómo vas a responder en distintas situaciones y por lo tanto se sienten más seguros y quedan en mejores condiciones de ajustar su conducta. Claro que esto no significa que no vayan a intentar hacerte saltar cada tanto, pero ese es el proceso natural de poner a prueba los límites, y mientras más constante seas en esos momentos, más seguro se va a sentir tu hijo. ¿Pero en tiempos de incertidumbre sin precedentes, cómo nos aseguramos de que nuestros niños estén aprendiendo estos conceptos tan importantes? La respuesta es sostener toda la constancia que se pueda y, a la vez, presentar y modelar la idea de la flexibilidad.

Algunos consejos ECSELent:

  1. Habla de las emociones de forma constante, en pleno momento difícil. La inconstancia puede confundir mucho a los niños e incluso generarles ansiedad y hostilidad. Cuidar agota y, a veces, frustra muchísimo. En los momentos de más frustración, a todos nos tienta tomar un atajo. Muchos hemos vivido la frustración de decirle a un hijo que se ponga los zapatos varias veces sin resultado, para terminar cediendo y poniéndoselos nosotros. Esos momentos van a pasar, sin duda, pero lo importante es la conversación alrededor de ellos. Sé honesto con tu hijo en ese momento. Dile que su conducta te está frustrando y que estarías muy orgulloso si lograra ponerse los zapatos solo. Reconoce también que quizá le está costando porque él también está sintiendo frustración. Al identificar esa emoción compartida puedes profundizar el vínculo con tu hijo y conversar sobre cómo te hace sentir esa emoción. Validar de forma constante lo que siente en pleno momento difícil puede reducir esas mismas frustraciones en el futuro y sentar el precedente de conversar las emociones.
  2. Dale poder a tu hijo con opciones. Cuando las personas cuidadoras son inconstantes con la cantidad de opciones que ofrecen, eso puede confundir y frustrar al niño. Quitar opciones muchas veces alimenta la lucha de poder y termina aumentando justo la frustración que intentabas evitar. Darles opciones les permite asumir responsabilidad y sentir más control. Dejar que elijan qué ponerse, qué tarea hacer primero o qué refrigerio meter en la lonchera son ejemplos de opciones sencillas que puedes ofrecerles. Ofrecer opciones simples de forma constante les permite aprender que tienen algo de autonomía en sus experiencias.
  3. Habla abiertamente de los cambios en la rutina. Más importante que nunca, también tenemos que darles a los niños la capacidad de manejar los cambios de rutina. En 2020 vimos escuelas cerrar a mitad de año, la obligación de usar mascarilla en todos los espacios públicos, el distanciamiento social y mucho más. Todos esos cambios se nos hicieron pesados y extraños a los adultos, pero a los niños pueden habérseles hecho todavía más abrumadores. 2020 fue una clase magistral de flexibilidad, y son lecciones que sin duda deberíamos pasarles a nuestros hijos. La mejor manera de hacerlo es modelar tú mismo la flexibilidad y conversar los cambios de forma abierta, honesta y adecuada a la edad. Preparar a tu hijo para el cambio es lo mejor que puedes hacer para que se sienta seguro y protegido. Hasta los cambios pequeños de rutina se pueden anticipar con una conversación. Por ejemplo, si tu hijo suele pasar los jueves por la noche con la abuela pero ella no puede, avísale con tiempo y explícale la situación. También es un momento maravilloso para enlazar con el consejo 2, el de dar opciones. Si la abuela está ocupada, pregúntale a tu hijo qué le gustaría hacer en ese rato. ¿Y qué pasa cuando no sabes que viene el cambio, como cuando llegó la pandemia en marzo? Prepara a tu hijo para ser flexible diciéndole que a veces las cosas pasan casi sin aviso, pero que siempre podemos adaptarnos y encontrar nuevas maneras de sostenerlo. Asegurarle de forma constante que tú eres un ancla segura y firme cuando el mundo se siente caótico es la clave.
  4. Aunque nuestras rutinas parezcan cambiar todo el tiempo, es importante intentar sostener una rutina lo más “normal” posible. Este consejo es el más directo, pero también el más difícil de mantener, sobre todo en tiempos tan volátiles. Sostener una rutina, aunque sea más suelta y más flexible, les da a los niños la constancia que anhelan y que necesitan para un desarrollo sano. Algo tan simple como sentarse a una comida en familia cada día puede crear una sensación de estabilidad y de calma. Meterle un elemento divertido a la rutina (como la hora de la película, el juego al aire libre o el juego de fantasía) también va a traerle algo de alegría al día a día, y les va a permitir a ti y a tu hijo aflojar y estrechar el vínculo frente a tanta imprevisibilidad.

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Dr. Donna Housman

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