Consejos de lenguaje para la inteligencia emocional

Sigue leyendo para saber qué es la inteligencia emocional, cuáles son sus cuatro cuadrantes y algunos consejos de lenguaje para cultivarla, con un caso real de crianza.

 

Modelar el lenguaje cultiva la inteligencia emocional

Como educadora y como madre, he aprendido cuánto escuchan los niños nuestras conversaciones y cuánto imitan nuestras interacciones y nuestras reacciones.

Los niños aprenden observando

Después de meses expresando gratitud delante de mis hijos, me llenó de alegría que mi hija de tres años empezara a decir: “Qué lindo de su parte, ¿verdad, mamá? ¡Eso me puso muy feliz!”.

Al oírla decir eso la primera vez, me di cuenta de que estaba copiando los momentos de gratitud que expreso a propósito delante de mis hijos.

Algo tan simple como decir lo agradecida que estoy delante de mis hijos les ha enseñado lo importante que es usar las palabras para hablar de lo que sienten.

En mi tiempo como maestra pasaban situaciones parecidas todos los días. Los niños llegaban al salón y contaban historias vívidas de sus fines de semana y de situaciones con sus familias.

Recuerdo un momento en particular con una niña de 4 años (la llamaremos Jasmine) de mi clase. Empezó a representar una pelea entre sus papás mientras jugaba con una amiga en el rincón de juego dramático.

Mi compañera de aula y yo intervinimos enseguida, porque era evidente que la niña había presenciado algo que no debía. Sentamos a Jasmine en el rincón acogedor y le dimos espacio para hablar de lo que sentía sobre la situación.

Permítete cometer errores

Este tipo de situaciones difíciles le puede pasar a cualquiera. Todos somos humanos y todos cometemos errores. Como educadores podemos aprender las herramientas, el lenguaje y las técnicas para responderles a los niños cuando nos comparten momentos difíciles como este, y para acompañar a las familias a hacer lo mismo en casa.

Los niños viven emociones grandes todos los días y necesitan personas cuidadoras que los acompañen a desarrollar los cuatro cuadrantes de la inteligencia emocional, para manejar y regular mejor lo que sienten, trabajar con sus pares y ponerse en el lugar del otro.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, entender, expresar y regular nuestras propias emociones y las de los demás. Tener estas habilidades les permite a niños y adultos ser más conscientes de sí mismos, más empáticos con los demás y mejores resolviendo problemas.

Las familias y las personas cuidadoras pueden impulsar los cuatro cuadrantes de la inteligencia emocional usando el lenguaje del Aprendizaje Emocional (EL) en el salón y en la casa.

Los 4 cuadrantes de la inteligencia emocional

Mira cómo Sierra usa el lenguaje para impulsar los 4 cuadrantes de la inteligencia emocional

Puede parecer mucho, pero quizá ya estés impulsando estos cuadrantes y estas habilidades en tus conversaciones de todos los días sin darte cuenta. ¡Créeme!

Hace poco, mi hijo de cinco años tuvo que operarse. Decidí que, en vez de soltárselo de golpe, tendría conversaciones con él sobre lo que venía, para bajarle la ansiedad.

Después de días de lágrimas y de preocupación, incluso con nuestras charlas tranquilas, llegó el día de la cirugía y era evidente que no se sentía seguro. Cuando traté de ayudarlo a bajarse del carro, se desabrochó y saltó al asiento delantero, llorando y rogándonos que canceláramos la operación.

Después de varios minutos respondiendo sus preguntas con calma, por fin cedió y me dejó ayudarlo a bajarse. Cuando empezamos a caminar hacia adentro, intentó salir corriendo a toda velocidad por el estacionamiento. Era obvio que estaba desbordado y ansioso. Al entrar, nos llevaron rápido al área preoperatoria, y las lágrimas seguían cayendo.

Cuadrante I: reconocimiento e identificación emocional

Aunque estaba mal, para mí era importante que entendiera que sentir nervios, tristeza o miedo estaba bien. Empecé una conversación tranquila con él sobre lo que estaba notando: “Te veo un poco callado. ¿Estás sintiendo nervios por lo de hoy? ¿Me puedes contar qué estás sintiendo?”

Usar un lenguaje como el de este ejemplo puede ayudar a los niños a identificar y reconocer lo que están sintiendo, que es el primer cuadrante de la inteligencia emocional.

Reconocimiento e identificación emocional

Me respondió enseguida: “¡No quiero hacer esto! ¡Me da mucho miedo la aguja!”. Yo sabía que ese era su mayor miedo, así que seguí la conversación para ayudarlo a poner en palabras qué pasaba en su cuerpo cuando sentía esas emociones intensas y cómo podíamos resolver el problema juntos.

Después le aseguré que no iba a estar despierto para esa parte, pero me dijo al instante que seguía “¡MUY asustado!”.

Cuadrante II: comprensión emocional

Le dije: “¡A mí también me da miedo a veces! Cuando siento miedo, se me sudan las manos y me siento un poco temblorosa y nerviosa. ¿Qué sientes tú en tu cuerpo cuando tienes miedo?”

Me respondió: “¡Siento el estómago revuelto y muchos, MUCHOS nervios!”.

Este es un ejemplo de comprensión emocional.

Mi hijo no solo pudo explicar por qué estaba nervioso, sino también cómo reaccionaba su cuerpo ante esas emociones intensas. Yo quería asegurarme de que no se sintiera solo, así que hice lo posible por acompañarlo contándole que a mí me pasan cosas parecidas de vez en cuando.

Comprensión emocional

Acompañar a los niños a conectar sus emociones con las respuestas de su cuerpo puede ayudarlos a ser más conscientes de sí mismos y a estar mejor preparados para manejar esa emoción la próxima vez.

Cuadrante III: expresión emocional

Seguí la conversación hablando de maneras de expresar lo que sentimos. Le pregunté: “Cuando sientes miedo, ¿lo mejor es salir corriendo lejos de mamá y de papá?”

Me dijo: “¡No, mamá! Es que de verdad no quería entrar”.

Le respondí: “Ya sé que no querías, mi amor, pero eso puede ser peligroso, sobre todo en un estacionamiento. ¿Qué más podrías hacer para avisarle a mamá que estás sintiendo miedo?”.

Se quedó pensando un momento y respondió: “Podría pedirte que me cargues y decirte al oído que tengo miedo”.

Le dije: “¡Esa es una manera buenísima de contarme que estás sintiendo miedo!”.

Este ejemplo de lenguaje es una manera de impulsar una expresión emocional constructiva.

A veces, en situaciones difíciles y con emociones intensas, los niños necesitan apoyo extra para aprender maneras de expresar lo que sienten de forma apropiada y segura, como se ve en esta parte de la conversación. Quienes cuidan pueden cultivar una expresión emocional efectiva modelando, guiando y conversando sobre distintas maneras de expresar las emociones.

Expresión emocional

También puedes compartir tus ideas y ofrecer opciones cuando haga falta.

Por suerte yo sabía que no iba a estar despierto para la aguja, así que pude tranquilizarlo sobre el resto de la mañana explicándole paso a paso todo el proceso.

Cuadrante IV: regulación emocional

Después de explicarle cada paso, le pregunté si había algo que lo ayudara a sentirse mejor.

Mencionó las respiraciones profundas, porque es una técnica que usamos a diario en casa.

Modelé nuestra rutina los primeros momentos, hasta que se sintió cómodo para acompañarme. Le dije: “Vamos a practicar una respiración profunda como si oliéramos una flor. ¡Y ahora hagamos como que soplamos una vela de cumpleaños grande! ¿Listo?”

Se unió, y practicamos nuestra respiración profunda varias veces. Para cuando el doctor entró a hablar con nosotros, mi hijo estaba emocionalmente regulado y hasta pudo hablar con él sin llorar.

Este lenguaje es un ejemplo de regulación emocional. En pleno momento, los niños pueden no ser capaces de calmarse solos ni saber qué hacer. Podemos acompañar sus habilidades de regulación preguntándoles qué puede ayudarlos a sentirse mejor, u ofreciéndoles opciones para estar mejor. A veces, incluso algo tan sencillo como un abrazo ayuda a un niño a regular lo que siente.

Regulación emocional 

Aunque no lo creas, mi hijo dejó que el anestesiólogo lo cargara hasta el quirófano cuando llegó el momento de la cirugía. Su capacidad de regular lo que sentía le permitió calmarse lo suficiente para saber que era querido, que estaba seguro y cuidado, y que todos los que estaban ahí solo querían ayudarlo.

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Tomarse el tiempo de hablar con los niños sobre sus emociones es importante

Tomarme unos momentos para tener estas conversaciones con mi hijo lo animó a reconocer e identificar las emociones que estaba viviendo, a entenderlas y a entender qué las causaba, a expresarlas de forma segura y constructiva, y a practicar técnicas de regulación en pleno momento.

Siempre que anticipes que un niño puede estar viviendo emociones intensas, puedes acompañarlo con palabras a lo largo del proceso para ayudarlo a calmarse o a mantenerse en calma.

Estas conversaciones van a salir solas con la práctica. La próxima vez que un niño a tu cuidado esté viviendo emociones intensas, practica acompañarlo hablando del problema mientras tienes presentes los cuatro cuadrantes de la inteligencia emocional.

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Sierra Bowling

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