Pasar de lo familiar, de lo conocido, a lo desconocido, a lo nuevo que todavía no se conoce, implica un cambio, y de ahí sale el crecimiento. Crecer es una batalla constante de ganancia y pérdida, una especie de tira y afloja entre perder lo que se siente familiar y seguro mientras nos abrimos a experiencias nuevas que nos empujan a lograr lo que nunca creímos posible. Crecer es un proceso continuo de cambio que trae consigo un abanico amplio de emociones: de la ansiedad, la incertidumbre, el miedo y la tristeza, a la emoción, la sorpresa, la alegría y el orgullo.
Al entrar en los meses de verano, muchas familias se preparan para acompañar a sus hijos en el paso del preescolar al kínder, en el cambio de salón o en el paso de un grado al siguiente, todas transiciones importantes tanto para el niño como para la familia. Esos cambios traen capítulos nuevos que se van abriendo uno tras otro, llenos de rutinas nuevas, desafíos nuevos, amigos nuevos, maestros nuevos y entornos sociales nuevos.
Las emociones que vienen con eso —entusiasmo, ansiedad, dificultad— pueden sentirse desbordantes y angustiantes para un niño pequeño y para sus papás. Como familias y personas cuidadoras, a menudo nos preguntamos: ¿cómo ayudamos a nuestros hijos a sentirse listos, capaces y seguros mientras manejamos nuestra propia mezcla de entusiasmo, aprensión, alivio y tristeza?
En mi serie de libros infantiles ECSELent Adventures abordo temas difíciles con historias divertidas y apropiadas para la edad. “Shemmy’s Wild Ride” trata sobre Shemmy, una nutria pequeña decidida a demostrar que ya es una “niña grande”. Con su querido objeto de consuelo, Mimi Curie, a su lado, Shemmy enfrenta los desafíos emocionales que muchos niños viven en las transiciones, incluidas las de la escuela: miedo, entusiasmo, frustración y, al final, autonomía, en el camino hacia un sentido de sí misma seguro y positivo.
Las “rueditas” emocionales están bien
El viaje de Shemmy nos muestra que objetos como su compañero de consuelo no son solo juguetes: son apoyos emocionales poderosos. Igual que las rueditas de una bicicleta, le dan consuelo al niño en medio de los sentimientos grandes que llegan con el cambio y la dificultad.
En “Shemmy’s Wild Ride”, Mimi Curie funciona como un “puente” entre la dependencia y la independencia. Pasar de usar el objeto de consuelo todo el tiempo a necesitarlo cada vez menos se parece a cómo los niños crecen emocionalmente a medida que cambian sus experiencias, por ejemplo al entrar en un entorno escolar nuevo. Y como Shemmy, muchos niños necesitan saber que está bien seguir queriendo consuelo, incluso mientras crecen.
| Consejo para familias: no apures a tu hijo para que deje su objeto transicional —esa manta o ese peluche al que se apega, que hace de puente entre depender de ti para el consuelo, la seguridad y la protección, y su sentido de sí mismo en crecimiento, y que le da consuelo en momentos de dificultad y de cambio—. En vez de eso, observa cuándo empieza por sí solo a apoyarse menos en él. Celebra los pasos pequeños hacia la independencia, con cosas como “me di cuenta de que hoy dejaste tu osito en casa y te fue muy bien en la escuela”. |
El poder del “¡yo puedo!”
En un sueño, Shemmy tiene que llegar en bicicleta —ahora sin rueditas— hasta el viejo roble. En el camino enfrenta el miedo y la duda sobre sí misma, pero escucha en su corazón el aliento de Mimi Curie: “¡tú puedes!”.
Esa metáfora poderosa nos recuerda que, aunque al principio nuestros hijos nos necesiten cerca, va a llegar un momento en que se apoyen en nosotros desde adentro, porque interiorizaron el consuelo, el cuidado y el apoyo que recibieron de ti y lo hicieron parte de su sentido de sí mismos.
| Consejo para familias: recuérdale a tu hijo otros desafíos que ya superó. Eso construye resiliencia emocional y confianza en sí mismo. |

Capear las tormentas de la transición
Igual que Shemmy, los niños pueden encontrarse con tormentas emocionales durante las transiciones, y se les va a notar en la conducta:
berrinches, apego excesivo, retraimiento o incluso retrocesos. Nada de eso es señal de fracaso: son respuestas naturales a movimientos internos grandes. Lo que más necesitan es tu empatía, que valides lo que sienten y que los guíes para manejar esas emociones.
| Consejo para familias: reconoce y acepta sus sentimientos grandes con empatía, sin tratar de “arreglarlos”. Prueba diciendo: “veo que estás preocupado por tu clase nueva. Está bien. Te entiendo. Yo también me acuerdo de sentirme así cuando empezaba un año nuevo en la escuela. Y también sentí mariposas en la panza cuando empecé mi trabajo nuevo. ¿Quieres que hablemos de eso?”. |
Igual de importante es darte cuenta de tus propias emociones y reconocerlas, esas que a veces pueden dejarte desbordado y sin poder manejarlas, y que se interponen en tu capacidad de entender a tu hijo y de acompañarlo. Darnos cuenta de lo que sentimos y de qué lo está causando nos ayuda a manejar nuestros propios sentimientos y a entender mejor los de los demás. Con nuestros hijos pasa lo mismo.
La experiencia de crecer
Al final de la historia, Shemmy llega al viejo roble. Se da cuenta de que es capaz de hacer cosas grandes por su cuenta, y de que Mimi Curie siempre está con ella, bien guardada dentro de su corazón.

Como familias, nuestro papel es preparar, acompañar y guiar las transiciones de la vida de nuestros hijos, para que aprendan a confiar en sí mismos sabiendo que siempre estamos ahí, en su corazón.
Así que, mientras preparas a tus hijos pequeños para las transiciones que llegan cada año en la escuela —cuando arrancan esta aventura nueva o las que vienen de un grado al siguiente—, ten presente que abrazar lo desconocido pide perseverancia y la confianza para meterse en experiencias nuevas y sostenerlas, esas que abren puertas a posibilidades nuevas y ayudan a construir un sentido de sí mismo positivo y seguro.
La escuela es solo uno de muchos ejemplos de cambio. “Shemmy’s Wild Ride”, y lo que enseña sobre el crecimiento personal, el apoyo de los seres queridos y la confianza que se gana, se puede aplicar a un montón de circunstancias cambiantes: mudarse de casa o de ciudad, un divorcio, cambios en la rutina y muchas más.
Y recuerda: igual que Shemmy, tus hijos van a mirar atrás y van a pensar “lo logré”. Con tu apoyo, claro.




