begin to ECSEL School Stories – Parte 2: entender las conductas poco amables

Introducción: la importancia de los educadores de primera infancia 

Te damos la bienvenida a la segunda entrega de “begin to ECSEL School Stories”, nuestra serie de blog más reciente, donde exploramos los desafíos comunes que enfrentan los educadores de primera infancia en su camino para apoyar el desarrollo emocional, cognitivo y social de los niños.  

Los docentes de primera infancia tienen uno de los trabajos más importantes del mundo. Junto con las familias, son quienes responden por la seguridad y el bienestar de los niños, por su desarrollo sano y por su aprendizaje. Y lo más importante: los docentes de primera infancia son los modelos y las guías de todos los días para el desarrollo del carácter y la moral, y ayudan a que los niños crezcan como personas amables, empáticas y resilientes, con un sentido de sí mismos positivo y seguro. No es una tarea fácil, pero con las estrategias, las herramientas y el lenguaje adecuados, los educadores de primera infancia pueden ayudar a formar a la próxima generación como personas amables, atentas y empáticas. Necesitamos enseñarles a los niños, entre todos, la amabilidad, la empatía y las conductas prosociales. Pero ¿cómo lo logramos?

Empatía, amabilidad y conductas prosociales en la primera infancia 

La empatía, la amabilidad y las conductas prosociales son habilidades que hay que enseñar, cultivar y practicar desde que nacemos. Los docentes empáticos forman aprendices empáticos. Como principales agentes de socialización de los niños en la escuela, los docentes de primera infancia cumplen un papel decisivo al darles oportunidades de relacionarse con otros, aprender habilidades sociales clave, actuar con empatía, entender la perspectiva de los demás y crecer como personas amables y resilientes.  

Desafíos emocionales, cognitivos y sociales en la primera infancia 

Como sabemos, los últimos años dejaron su huella en los niños, las familias, los docentes y los líderes escolares. Los niños, cuyos años más importantes transcurrieron entre entornos de aprendizaje inestables, aislamiento y estrés, enfrentan hoy desafíos emocionales, cognitivos, conductuales y sociales. Vemos más crisis emocionales, más berrinches y más conductas disruptivas, además de dificultades para compartir, esperar turnos, ceder, negociar y mostrar empatía. A los niños les cuesta usar las palabras en vez de los actos, entender cómo afecta su conducta a los demás, escuchar la perspectiva del otro y encontrar soluciones a los problemas sociales.  

Alianza con Ellis Early Learning 

A lo largo de nuestra alianza del programa begin to ECSEL Educator Training Program con nuestras escuelas laboratorio de Ellis Early Learning, hemos visto de primera mano cómo se dan muchos de esos momentos difíciles en el salón, y hemos escuchado de boca de los maravillosos docentes y líderes de Ellis el efecto que tienen sobre el resto de la clase. Enseñarles a los niños amabilidad y empatía exige flexibilidad, práctica, repetición y mucha paciencia. Pero mientras más herramientas tengamos en nuestra propia caja, mejor equipados dejamos a los niños.
 

Redirigir frente a entender las conductas poco amables 

Mira un ejemplo de cómo se redirige la conducta de los niños pequeños.

Redirigir conductas es un recurso habitual en la primera infancia. Consiste en guiar al niño para que ponga su atención en algo más positivo, y así reducir una conducta menos deseable, como pegar, morder, gritar o empujar. A esas conductas les ponemos la etiqueta de “poco amables”, y puede que sea cierto, pero los niños pequeños las muestran porque todavía no logran acceder a sus palabras ni a una manera más constructiva de expresar lo que necesitan.  

  

Las estrategias de redirección suelen incluir ignorar conductas, usar distracciones, ofrecer opciones y usar refuerzo positivo. Redirigir la conducta poco amable de un niño puede generar un cambio temporal, pero no lo ayuda a entender por qué esa conducta fue dañina o poco amable. No podemos controlar la conducta de un niño, pero sí podemos ayudarlo a entender el efecto de sus palabras y de sus actos. Veamos cómo se ve esto con un ejemplo. *Todos los nombres se cambiaron para este blog.

Transcripción del video: Durante la hora de elegir actividad en la mesa, Jaylin intentó arrebatarle un juguete a Drea de las manos. Drea gritó y le pegó a Jaylin con el juguete, y él se echó a llorar. La maestra corrió a consolar a Jaylin, se volteó hacia Drea y le dijo “no, eso no me gusta” antes de llevarse a Jaylin a otra mesa para darle espacio y que se calmara. Mientras la maestra ayudaba a Jaylin, Lauren, Coach de ECSEL, aprovechó el momento para ayudar a Drea a entender el efecto de su conducta, y le dijo: “¡Ay! Cuando le pegas a tu amigo, le lastimas el cuerpo. Sé que no querías que te quitara el juguete, pero pegar nunca está bien, porque duele. La próxima vez puedes usar tus palabras y decir ‘ahora estoy usando este juguete’, o siempre puedes pedirle ayuda a una maestra. Vamos a usar nuestras palabras para ver cómo está Jaylin”. Lauren juntó a los dos niños y dijo: “Jaylin, Drea quiere saber cómo estás. ¿Estás bien?”. Jaylin asintió, y Lauren usó ese momento para ayudarlo a entender mejor cómo hizo sentir su conducta a Drea: “Sé que querías mucho el juguete, pero cuando se lo quitaste sin preguntarle primero, ella se sintió muy enojada. La próxima vez puedes usar tus palabras para pedirle a Drea un turno con el juguete, o pueden usar un temporizador para turnarse”.

 

Enseñarles a los niños a entender las conductas poco amables 

Como docente, en ese momento puede sentirse abrumador que los niños griten y peguen, y tu reacción inmediata puede ser lograr que dejen de hacerlo. Puede parecer más fácil redirigir esas conductas diciendo “eso no me gusta” o “eso no es amable”, pero si no ayudas al niño a entender el porqué, es más probable que esas conductas sigan. 

 

Cada interacción social es una oportunidad para enseñarles a los niños habilidades emocionales, cognitivas y sociales clave. Con las siguientes estrategias y el siguiente lenguaje puedes ayudarlos a entender mejor por qué sus conductas son poco amables en las situaciones sociales, y abrirle la puerta a expresiones emocionales y a formas de resolver problemas más constructivas. 

Estrategias y lenguaje para entender las conductas poco amables 

Reconoce, identifica y nombra lo que el niño puede estar sintiendo, señalando pistas visuales como las expresiones de la cara, el lenguaje corporal y la conducta. Por ejemplo: “Te escuché gritar y vi que le pegaste a Jaylin con un bloque. ¿Estabas sintiendo enojo?”.  

Conecta las emociones y las conductas con una causa guiando al niño a pensar qué impulsó lo que hizo. Por ejemplo: “¿Qué hizo que le pegaras a Jaylin con el bloque?”. 

Habla de cómo la conducta afecta a los demás para ayudar al niño a entender por qué las conductas poco amables no están bien, y así desarrollar la empatía. Por ejemplo: “Pegarle a Jaylin con el juguete le lastimó el cuerpo. Si un amigo te pegara, ¿qué sentirías? ¿Querrías escuchar a un amigo que te pega? No, yo tampoco”. 

Cuando le cierres la puerta a una conducta inadecuada, ábrele siempre la puerta a una adecuada ayudando al niño a pensar qué puede hacer en su lugar. Por ejemplo: “Si no quieres darle el juguete a Jaylin, ¿qué más puedes hacer para decírselo en vez de pegarle? ¿Puedes usar tus palabras?”. 

Modela la amabilidad, la empatía y las habilidades prosociales para encontrarle una solución al problema. Por ejemplo: “Vamos juntos a ver cómo está Jaylin y a asegurarnos de que esté bien. Después podemos intentar usar palabras para que él te entienda”.  

Acompaña hasta el final y reconoce al niño por usar sus palabras y actuar con amabilidad. Por ejemplo: “¡Lo lograste! Usaste tus palabras para decirle a Jaylin que no querías que te quitara el juguete. Y también fue muy amable de tu parte ir a ver cómo estaba. Me siento muy orgullosa de esa decisión, ¿tú también te sientes orgulloso?”. 

Conclusión 

Igual que cada niño, sabemos que cada docente y cada salón son distintos, y que lo que le funciona a alguien puede no funcionarle a otro. Pero al final del día, cuando quienes educamos logramos encontrarnos con los niños donde están y ayudarlos a entender mejor su conducta y sus emociones, les damos las herramientas para moverse mejor por el mundo que los rodea.  

Queremos saber de ti

Si esta historia de ECSEL te resonó, o si estás viviendo algo parecido en tu salón, ¡queremos saber de ti! ¿Qué conductas te cuesta más manejar? ¿Qué estrategias te funcionan mejor? ¿Qué estrategias no te funcionan?  Escríbenos en la sección de comentarios de abajo. ⬇️

¡No te pierdas la serie completa! 

Parte 1: Manejar la decepción 

Parte 2: Entender las conductas poco amables 

Parte 3: Convertir la exclusión en empatía 

Parte 4: Comunicarles bien a los niños lo que sentimos nosotros 

Parte 5: Navegar la dinámica de los equipos de co-enseñanza 

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Lauren Orf

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