Cuando las circunstancias son inciertas y desconocidas, generan ansiedad y estrés de forma natural. Cuando las situaciones cambian de manera significativa y drástica, con escuelas y negocios cerrando y el distanciamiento social convertido en la nueva norma, pueden instalarse el miedo y la ansiedad. Cuando nuestra vida se sale de curso porque entran en vigor reglas y normas nuevas que nos roban lo que sentíamos como un piso seguro y conocido, ¿cómo manejamos estas realidades nuevas, por la salud mental y el bienestar de nuestros niños y también por los nuestros?
Como psicóloga clínica, educadora y madre que ha trabajado con miles de familias y sus hijos durante los últimos 30 años, he encontrado que estos 4 principios pueden ayudarnos a sentirnos con más control y más poder cuando nuestra seguridad y la de nuestros niños parecen estar en riesgo, sobre todo en un momento de crisis como la pandemia de COVID-19.
1. Date cuenta… Esto significa darte cuenta no solo de las emociones de tus hijos, sino también de las tuyas. ¿Por qué? Los niños se desarrollan en el contexto de una relación: aprenden de sus intercambios, a través de sus experiencias y observaciones, y de cómo tú, el adulto más importante de su vida, los guías y les respondes. Cuando estás preocupado, ansioso, con miedo, triste o enojado, los niños lo captan y sintonizan lo que sientes como detectives y, como la emoción es el primer lenguaje de un niño, son expertos en captar tus emociones, a veces mucho mejor que tú.
2. Escucha, cuida, acompaña. Escucha lo que tu hijo dice y lo que no dice. La mayoría de las veces los niños expresan lo que sienten en actos: cuando están preocupados, ansiosos o con miedo pueden aferrarse a ti, retraerse, recurrir al llanto o terminar con dolor de panza o, a veces, sin poder dormirse o sin poder seguir dormidos. Ayuda a tu hijo a reencauzar en palabras lo que se expresa tan naturalmente en actos, diciéndole: “Veo que estás preocupado o con miedo cuando te aferras a mí o te pones a llorar. Puedes decirme que estás preocupado o asustado usando tus palabras, y entonces puedo ayudarte a resolver el problema cuando sé lo que sientes”. O cuando están enojados pueden gritar, patear el piso, tirar cosas, pegar o morder. Ayuda a tu hijo a identificar y a ponerle nombre a su emoción respondiendo: “Veo y escucho que estás enojado cuando gritas o pateas el piso. Puedes decirme con tus palabras que estás enojado o con rabia, y entonces puedo ayudarte”. Ayudar a tu hijo a expresar sus emociones de formas constructivas lo ayuda a unir los puntos entre emoción y conducta, y le da información y conocimiento. Mientras más conocimiento tenemos todos, más control sentimos y más control tenemos al actuar.
3. Entiende, anima la conversación y tranquiliza. ¿Qué puede estar haciendo que tu hijo reaccione con preocupación o con miedo? ¿Escuchó de casualidad una conversación tuya con un amigo o algo de un hermano mayor? ¿Estuvo delante de las noticias en la tele? Todo eso puede provocar ansiedad y miedo. Ver gente caminando con mascarilla o que su escuela y las tiendas cierran también puede desestabilizar. Que las familias trabajen desde casa y que las conversaciones con familiares sean por teléfono o por la computadora en lugar de visitas en persona también puede costar de digerir y procesar. Pero preguntarles a los niños qué los hace sentir miedo o preocupación te da la oportunidad de conectar la causa de sus preocupaciones con su conducta, y a la vez te da la oportunidad de responder con tranquilidad. “Entiendo que tener todos estos cambios y reglas nuevas, con tu escuela cerrada y sin poder estar con todos tus amigos, o ver gente caminando con mascarilla, puede ser confuso y dar miedo, ¡y que nada de eso te gusta! Pero la razón de que sea así ahora es ayudar a que la gente esté segura y sana. Igual que mamá y papá hacen contigo para mantenerte seguro y sano con algunas reglas que tenemos, como no salir corriendo a la calle o no saltar en el sofá, y comer comida sana para ayudarte a estar fuerte y sentirte bien”. Hablar de las personas heroicas que están ayudando a hacer estas reglas nuevas para mantenernos seguros y sanos en estos tiempos inciertos les va a dar una sensación de consuelo, explicándoles: “Todas estas reglas nuevas y distintas que se están haciendo ahora las hacen los líderes valientes que nos ayudan a todos, como los médicos, los enfermeros, los policías, los bomberos, los soldados, el alcalde y el gobernador, cuyo trabajo es asegurarse de que todos estemos seguros y sanos, ¡igual que el trabajo de mamá o papá contigo!”. Tenemos que dar el ejemplo cumpliendo las reglas para asegurarnos de que nuestros niños hagan lo que necesitan hacer para estar seguros y sanos. Los niños aprenden a través de nuestra orientación, nuestro modelado, nuestra guía y de cómo les respondemos. Se sienten seguros cuando los adultos pueden escuchar, entender lo que sienten y tranquilizarlos sobre su seguridad, todo respondido de maneras apropiadas para su edad.
4. Establece rutina, regulación y responsabilidad. Las rutinas ofrecen constancia y dan una sensación de seguridad y de previsibilidad. Cuando tanto a nuestro alrededor es distinto y está cambiando, puede generar la sensación de no tener control. Mantener constantes los horarios habituales de dormir, de comer, de la merienda, del juego y del aprendizaje es importante para ayudar a impulsar la sensación de estar seguro y con control. Ayudar a los niños a sentir y a tener más control exige que el adulto acompañe el desarrollo de su autorregulación: su capacidad de regular sus emociones, su conducta y su pensamiento. Las maneras de ayudarlos a regularse pasan por ayudarlos a manejar y atender de forma constructiva y eficaz sus propias emociones intensas y las de los demás. Poder decir: “Sé que esto puede dar miedo o dejarte preocupado, pero puedes contarme lo que sientes, tanto lo grande como lo pequeño, y yo puedo ayudarte. Primero puedes respirar hondo y después podemos pensar ideas juntos para resolver el problema y sentirnos mejor”. Cuando a los niños se les da la oportunidad de ser parte de la solución, se les da una sensación de orgullo, de responsabilidad y de poder, todo importante en tiempos de miedo e incertidumbre y para impulsar una imagen segura y fuerte de sí mismos.
Consejos útiles para saber y recordar:
Tanto tu hijo como tú están sintiendo estas emociones y la necesidad de adaptarse a los cambios y a las incertidumbres de la vida diaria. Hacerle lugar a tus propias necesidades es tan importante como estar ahí para tu hijo: tener tiempo juntos y tiempo separado y a solas; darte cuenta de tus propias emociones y hacer actividades que reduzcan el estrés, como ejercicio, atención plena, lectura, oración y descansar lo suficiente, te va a ayudar a atender las cosas con más foco y más calma y, por lo tanto, a darle a tu hijo el modelado que necesita para atender mejor sus propias preocupaciones y miedos. Los niños aprenden no solo de lo que decimos, sino también mirando lo que hacemos. Es importante mantener nuestras palabras y nuestros actos coherentes.
Ten presente también que distancia social no significa aislamiento social. La distancia social tiene más que ver con la distancia física. Los niños necesitan tiempo de calidad con los adultos principales de su mundo. La conexión emocional es tan importante para los niños como lo es para la salud mental de los adultos. Las maneras creativas de seguir conectados socialmente pueden ser digitales, como las videollamadas, escribir cartas o hacer dibujos, llamadas telefónicas o videollamadas.
Recuerda: cuando todos cumplamos las reglas y normas necesarias que se nos piden para atender con responsabilidad la incertidumbre y las realidades que enfrentamos, entonces juntos, y solo juntos, vamos a dar una de las batallas más duras de todos los tiempos y a ganarla, y con el tiempo vamos a volver a vivir nuestras vidas con un aprecio y un respeto nuevos por la vida y por los demás.
Y por último, siempre que puedas, acuérdate de sonreír: ¡puede ser una medicina maravillosa no solo para tu hijo, sino también para ti!
Dr. Donna Housman es psicóloga clínica y CEO de Housman Institute, una organización de formación, investigación e incidencia en primera infancia. Fundadora de Beginnings School and Child Development Center.



