EdSurge informó hace poco sobre el impacto negativo de estos últimos años en la salud mental de los bebés y los niños pequeños. Coincido de corazón en que se ha informado mucho sobre los grupos de niños más grandes y los adolescentes, pero no ha habido tanto foco en los niños muy pequeños, incluidos bebés y preescolares.
Como se citaba en el artículo a Meghan Schmelzer, gerenta sénior de salud mental infantil y de primera infancia en la organización sin fines de lucro Zero to Three: “Nos gusta decir que la salud emocional y social [y] la salud mental de los más pequeños es trabajo de todos, de cualquiera que toque la vida de un niño, por el hecho de que el desarrollo del cerebro es tan rápido en la etapa que va de lo prenatal a los 3 años. Se ven consecuencias enormes cuando las cosas no salen bien en los tres primeros años de vida”.
¿Cómo saber si puede haber problemas de salud mental en bebés o niños pequeños?

El artículo explora los problemas de salud mental a través de conductas que se ven, como: no formar vínculos de apego, rechazar el contacto, rechazar la comida, portarse mal, llorar sin consuelo y retroceder en el control de esfínteres.
Con razón, el artículo corre el foco hacia las personas cuidadoras, porque son ellas las que modelan y guían a los niños a través de sus experiencias emocionales.
Dado que los niños nacen listos para aprender y que el aprendizaje óptimo ocurre dentro del contexto de relaciones que responden, en Housman Institute nos centramos en acompañar a la persona cuidadora para que atienda su propia emocionalidad y así pueda acompañar, modelar y guiar al niño desde el nacimiento para identificar, entender y manejar sus emociones y las de los demás. Además está la vieja regla de la máscara de oxígeno: una madre, un padre o un educador primero tiene que atender y manejar sus propias emociones antes de poder hacerlo con un niño.
El cerebro se desarrolla a una velocidad récord durante los primeros años de vida, formando un millón de conexiones neuronales nuevas por segundo. Las experiencias positivas de aprendizaje emocional fortalecen las conexiones neurológicas dentro de la corteza prefrontal, el epicentro cerebral de la función ejecutiva. Hay un vínculo directo entre las emociones y el aprendizaje. Las habilidades emocionales fuertes construyen habilidades cognitivas fuertes.

Housman Institute impulsa que se eduque a maestros, familias y personas cuidadoras sobre lo importante que es la inteligencia emocional para aprender, y sobre que tiene que priorizarse por encima de cualquier otro aprendizaje: un niño emocionalmente desregulado no puede aprender.
Igual de importante es la salud mental de las familias y de las personas cuidadoras. Estos últimos años aumentaron los niveles de estrés y de ansiedad de todos, con muchas personas atravesando el duelo por la pérdida de un ser querido, y los niños están observando y absorbiendo esas emociones todo el tiempo.
Las personas cuidadoras y las familias deberían reconocer primero el papel importante que cumplen en la vida de los niños, y reconocer que la salud mental de un niño empieza por la suya propia. Así que tómate un minuto para respirar hondo, para hacer terapia, para salir a caminar o para lo que sea que necesites y poder presentarles a tus hijos la versión más sana de ti.
Y recuerda: nadie es perfecto. Todos tenemos días buenos y días malos, ¡así que no seas tan duro contigo! Mientras estés atento de verdad e intentes manejar tus propias emociones, por ti y por tus hijos, todos pueden llevar una vida emocionalmente más sana.



