Las fiestas son nuevas en la “nueva normalidad”

No hay manera de endulzarlo: llegaron las fiestas y, para los niños pequeños, las reuniones de celebración pueden ser algo nuevo, incluso en familia. Es un momento raro para ser un niño pequeño… Pero es un momento todavía más raro para ser madre o padre de un niño pequeño.

Sí, esta temporada de fiestas es muchísimo mejor que la del año pasado, cuando no teníamos vacuna, no había acceso a pruebas y las reuniones presenciales estaban prácticamente descartadas. Algo que agradecer.

Y sin embargo, el ciclo de noticias está inundado de informes y datos sobre las variantes de COVID y sus efectos, y cuesta desconectarse. Eso, sumado a no saber “qué viene después” y al hito devastador y difícil de asimilar de más de 800.000 vidas perdidas por la pandemia en Estados Unidos, mantiene los miedos y las preocupaciones como una constante de nuestra “nueva normalidad”.

¿Entonces cómo hacemos las fiestas en la nueva normalidad? Con una tormenta perfecta de variantes nuevas, frío y reuniones y viajes de fin de año, hay un montón de factores de riesgo que le sacan la alegría a la temporada. En muchos sentidos, buena parte de la vida sigue en el aire.

Nuestros niños lo perciben, lo digamos o no.

Hasta los niños muy pequeños son extraordinariamente agudos para detectar la emoción en los adultos clave de su mundo. Nuestro estrés, nuestra tristeza y nuestra alegría están tan presentes en el aire como las galletas recién horneadas (o las quemadas). Así que es mucho más eficaz —y más sano— reconocer y atender nuestras emociones y preocupaciones que fingir que no existen.

Mientras nos preocupamos por las noticias del COVID mezcladas con el estrés habitual (y muy poco habitual) de las fiestas, nuestros niños pequeños tienen su propia bolsa llena de preocupaciones para esta temporada.

Para muchos es la primera vez que participan de una celebración o una reunión de fiestas. ¿Quiénes son estos desconocidos, por qué están acá? ¿No puedo quedarme en pijama viendo tele con mamá y papá o jugando con mis juguetes nuevos?

Además están captando nuestro estrés sobre esas reuniones, y las dinámicas familiares y sociales que vienen de la mano. Los chicos están dando vueltas —qué pensar, cómo reaccionar, qué hacer con todas estas emociones grandes— porque están absorbiendo muchísimo sin tener las herramientas para saber cómo manejarlo.

Ante todo, es importante manejar nuestro propio estrés, porque los chicos están mirando nuestros actos, nuestras respuestas y nuestras reacciones. Así que respiremos hondo y tengamos presentes las cosas que sabemos que calman y que son ciertas.

Dato: hoy sabemos que si los familiares están vacunados (y con refuerzo, mejor todavía), están bastante bien protegidos.

Dato: también sabemos que para el desarrollo de los niños es importante que estén en la escuela, de forma presencial, por las habilidades de base de inteligencia emocional que ganan ahí, no solo por leer, escribir y las cuentas.

Dato: así como es importante que los niños estén en la escuela por las habilidades sociales de base que ganan, participar de situaciones sociales como las rutinas de las fiestas y las reuniones familiares también es parte de desarrollar habilidades clave y de sentirse cómodos con gente más allá de su círculo de siempre.

Dato: mientras más aprovechemos las oportunidades diarias de modelarles y guiarlos en su comprensión emocional, más los ayudamos a construir esa caja de herramientas tan importante de autorregulación y empatía. Las oportunidades de inteligencia emocional que ocurren en la escuela —y en las situaciones sociales, incluso en medio del estrés de las fiestas— no se pueden descartar.

Dato: y sabemos que le hacemos un gran favor a la salud mental de nuestros niños cuando los exponemos a la inteligencia emocional que ocurre en comunidad.

Justo esta mañana tenía a un electricista trabajando en la instalación de mi casa y me contaba la diferencia que hace estar en la escuela para sus tres hijos pequeños. Su hija de kínder, en particular, se retrae mucho cuando sale de casa, prácticamente no habla, y viene así desde que empezó el preescolar, que por desgracia coincidió con el inicio de la pandemia. En unos pocos meses de presencialidad avanzó a pasos agigantados y, lo más importante, les dice a sus padres que ama la escuela.

Participar de encuentros cara a cara, sobre todo con caras nuevas, puede despertar emociones intensas en los niños pequeños, y eso vale especialmente con todo lo que se remueve en esta época. Las fiestas siempre están llenas de baches emocionales para todos, pero nuestra capacidad de respirar hondo, de girar y aceptar con soltura los cambios de plan, y de ser creativos frente a cualquier cosa que las fiestas nos dejen en la puerta, les marca a los niños que ellos también pueden hacerlo.

Ten presente esto mientras atraviesas la temporada:

  • Si no vas a poder celebrar las fiestas como tu familia lo tenía planeado, adelántate y busca actividades nuevas para hacerlas especiales, solo que de una manera distinta de la esperada.
  • Asegúrate de que los chicos tengan voz y un papel. ¿Qué les gustaría cocinar? ¿A qué juegos quieren jugar? ¿Quieren caminar por acá o por allá? ¿Quieren apartar un rato para sus películas favoritas o para escuchar música especial? Ser parte de esas decisiones les da poder y ayuda a contrarrestar las emociones difíciles, la impotencia y el aislamiento.
  • Cuando los niños se disgustan porque se cancelaron eventos o planes, tienta decirles que va a estar todo bien y que se van a divertir igual en casa. Pero es importante validar lo que sienten escuchándolos, reconociendo que la decepción es algo que todos sentimos y que tú también estás decepcionado. Hazles saber que es natural y que está bien sentir frustración o tristeza. Tener un nombre para esa emoción, y entender que no son los únicos que la sienten, los va a ayudar a volverse los jefes de esa emoción y a entender cómo manejar una situación la próxima vez que las cosas no salgan como estaban planeadas.

Acuérdate, mientras haces esas colas larguísimas en el correo, respondes los mensajes y correos de la familia, limpias la masa de galletas del techo e intentas conseguir pruebas rápidas para tener a mano… que las fiestas vienen una vez al año. Abraza el momento, modela y guía a tus hijos hacia entender que, sea a donde sea que lleven las fiestas, todas las emociones que vienen con esas aventuras están bien y son puertas estupendas para atravesar hacia esas conversaciones grandes sobre lo que sentimos. Juntos pueden buscar maneras creativas de celebrar, disfrutar y estar juntos; al final, de eso se tratan las fiestas.

Les deseamos a ti y a los tuyos una temporada feliz, sana y llena de alegría, y un año nuevo lleno de paz.

¡Cuídense!

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Dr. Donna Housman

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