2020 fue un año que todos querríamos olvidar. Con una cadena de hechos sin precedentes y sin pausa: desastres naturales, injusticia y agitación racial y social, incertidumbre económica y, por supuesto, una pandemia global. El estrés está en la puerta de todos. Para quienes ya venían atravesando experiencias difíciles y que generan ansiedad, los desafíos actuales dejaron en evidencia lo vulnerables que somos. Para los maestros, que reportan algunos de los niveles más altos de estrés laboral y de agotamiento, el impacto de este momento es palpable. Las muchas incertidumbres dejaron a los maestros corriendo para resolverlo todo y teniendo que atender no solo el trauma, el estrés, la confusión y la incertidumbre de sus alumnos, sino también los propios. En medio de tanto torbellino, maestros y directivos se preguntan: ¿qué hacemos?
Empecemos por respirar y reconocer lo importante que es que los maestros puedan ayudarse a sí mismos antes de poder ayudar a los niños a su cuidado. Cuando nuestro cerebro está abarrotado de estrés y de ansiedad, no podemos involucrarnos, pensar, resolver problemas, enfocarnos ni manejar siquiera tareas conocidas. Nuestra sensación de satisfacción y de disfrute del trabajo se pierde bajo la acumulación de estrés y ansiedad sin manejar. En Housman Institute trabajamos para ayudar a los maestros a ayudarse, entendiendo que antes de que puedan ser eficaces, enseñar con alegría, cuidar a sus alumnos y modelar las conductas de involucrarse y de sostener lo difícil, primero tienen que tener para ellos mismos las herramientas de la comprensión y la inteligencia emocional.
Sabemos que el estrés del maestro impacta directamente en sus alumnos. Los niños son detectives emocionales que captan las emociones de quienes los rodean, sobre todo de los adultos que los cuidan. Si los maestros están estresados y lo que sienten queda sin acompañar y sin manejar, los niños a los que enseñan también van a estar estresados. Ver a adultos conocidos cargando con pesos nuevos puede inquietar a los niños, que miran a esos adultos esperando que les modelen estrategias adecuadas cuando las emociones se intensifican. Los maestros que no pueden manejar, expresar y atender sus emociones de forma adecuada y eficaz pueden, sin querer, generar un entorno de enseñanza inestable y poco contenedor para sus alumnos. Además, cuando los maestros no atienden sus propias emociones, quedan expuestos a más estrés y a más agotamiento.
¿Entonces cómo ayudamos a los maestros a ayudarse? Como plantean Christina Cipriano y Marc Brackett en su artículo “Teachers Are Anxious and Overwhelmed. They Need Support Now More Than Ever”, los maestros que desarrollaron más habilidades emocionales —como poder reconocer y ponerles nombre a sus emociones, entender las causas de fondo y las conductas que se derivan de ellas, expresarlas de forma adecuada y autorregularse con eficacia— tienen menos probabilidad de llegar al agotamiento.
Es importante que las direcciones y los equipos directivos trabajen para acompañar y reconocer a sus maestros en este momento, y también para entender cómo la naturaleza misma de enseñar impacta en su salud mental y su bienestar. Abrir canales de apoyo, incluidos programas de formación profesional que aborden la propia emocionalidad de los maestros, puede ayudar no solo a ellos —y por lo tanto a los niños a su cuidado—, sino al clima general de la comunidad escolar. Nuestro programa, begin to ECSEL, se construyó para asegurar que los maestros tengan las herramientas críticas para atender su propia emocionalidad y su bienestar, y así poder tener una imagen más positiva de sí mismos, estar involucrados y modelar y guiar mejor a sus alumnos en su crecimiento emocional.
En el artículo de investigación “Empirically Derived Profiles of Teacher Stress, Burnout, Self-Efficacy, and Coping and Associated Student Outcomes”, Keith C. Herman, Jal’et Hickmon-Rosa y Wendy M. Reinke encontraron que el estrés del maestro y su capacidad de sostener y manejar las emociones pueden influir, positiva o negativamente, en los resultados de los alumnos. El estrés docente sin manejar se asoció con conductas disruptivas en los alumnos, mientras que el uso de estrategias eficaces por parte de los maestros se asoció con conducta positiva y con logro académico. Esto subraya lo importante que es tanto darles a los maestros la caja de herramientas para manejar el estrés como cultivar un entorno escolar positivo, donde se sientan acompañados y escuchados. Este tipo de apoyo hace falta hoy más que nunca, en un momento en que las competencias emocionales de los maestros son vitales para atender el agotamiento y para impulsar los entornos de aprendizaje más positivos para los alumnos.
Nuestro programa, begin to ECSEL, forma a los maestros en las muchas maneras de ayudar a disminuir su estrés, como escribir un diario reflexivo, las prácticas de atención plena y las técnicas de respiración. Es importante que los maestros recuerden comunicar lo que sienten de forma abierta y honesta no solo con sus alumnos, sino también con sus compañeros y con quienes los supervisan.
Hablar abiertamente de la ansiedad que rodea a la actualidad, de una manera apropiada para el desarrollo, ayuda a aliviar esas emociones incómodas en los maestros y, a la vez, les muestra a los alumnos que esas emociones están bien, se valoran, se entienden, se aceptan y las sienten muchos. En un mundo lleno de tanta imprevisibilidad, les sirve a los educadores pensar juntos maneras de sentirse seguros con sus alumnos, y trabajar con sus colegas buscando soluciones que impulsen un entorno de aprendizaje más positivo y más contenedor.
Los maestros pueden armar un plan de acción sobre cómo van a comunicarles sus preocupaciones a sus alumnos y pensar cómo hacer de su salón un refugio seguro frente al mundo de afuera. Incluir a los alumnos en ese plan modela de forma adecuada sus propias estrategias para sostener lo difícil, y a la vez ayuda a que se sientan con control sobre las preocupaciones compartidas. Los maestros deberían identificar y ponerle nombre a lo que sienten como grupo, como actividad, y encontrar juntos soluciones para que el salón se sienta seguro, abierto y contenedor. Y siempre deberían intentar recordar por qué eligieron esta profesión.
Aunque el mundo que nos rodea pueda sentirse aterrador e incierto, encontremos consuelo y alegría en el papel crítico y transformador que cumplen todos los educadores al acompañar y desarrollar las competencias emocionales, la salud mental y el bienestar de los niños a su cuidado.
En Housman Institute reconocemos la incertidumbre de este momento. ¡Necesitamos a nuestros maestros, los acompañamos y creemos en ellos! ¡Cuídense!



