La ansiedad crece a medida que los maestros planifican su vuelta al salón presencial. A principios de esta semana, CNN informó que, en lugar de preparar currículos nuevos y entusiasmantes y juntar materiales para el aula, muchos educadores están actualizando su testamento.
Según un análisis de julio de la Kaiser Family Foundation, casi una cuarta parte de los maestros de Estados Unidos tiene mayor riesgo de enfermedad grave por COVID-19 porque “tienen más de 65 años, una condición preexistente como enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), o un índice de masa corporal superior a 40”. Y por desgracia, los debates sobre la vulnerabilidad de los niños al COVID-19 muchas veces tapan la pregunta de si reabrir las escuelas pone en juego la vida de los maestros. ¿Pero qué tan riesgosa es esta transición para los maestros de educación temprana, como los que están inscritos en el programa begin to ECSEL?
Después de rastrear los contactos de unos 5.700 pacientes con COVID-19, unos investigadores de Corea del Sur encontraron que los niños menores de 10 años transmitían el virus a casi la mitad de la tasa de los adultos, pero que los chicos de 10 a 19 lo transmitían a una tasa parecida a la de los adultos. Eso sugiere que quienes dirigen y quienes deciden las políticas tienen que pensar de manera distinta para los alumnos de secundaria que para los más pequeños. Básicamente: mientras más edad tienes, más probable es que le transmitas COVID-19 a otros.
A los maestros del sector de educación temprana esto puede darles cierto alivio, pero la vuelta al preescolar no va a ser sin estrés y ansiedad añadidos. Se están poniendo en marcha muchos protocolos y medidas nuevos para mantener a los educadores lo más seguros posible, y algunas de esas medidas parecen todavía más difíciles si uno piensa en el desarrollo cognitivo de los niños a los que se atiende. Por ejemplo, muchos maestros de preescolar se preguntan cómo podrían imponer el distanciamiento social a un grupo de niños de 3 años que probablemente llevan meses sin verse. ¿Cómo logras que un niño de 4 años se deje la mascarilla puesta todo el día? ¿Cómo separamos las colchonetas de descanso en un salón que no tiene metros de sobra?
Estas son solo algunas de las preguntas que siguen inquietando a los educadores que formamos y, ante esas dudas llenas de ansiedad, les decimos: los escuchamos y los entendemos. Y dimos un paso más: tuvimos en cuenta sus ansiedades al desarrollar nuestro programa de formación de educadores begin to ECSEL. Como iniciativa central del programa, les enseñamos a los educadores a conocerse mejor a sí mismos y a estar más presentes, a la vez que les damos las mejores herramientas y técnicas para sostener y manejar el estrés y la ansiedad dentro y fuera del salón. Reconocemos que el primer paso para impulsar la inteligencia emocional en los niños es impulsarla en sus educadores.
Como saben muchos educadores de niños pequeños, modelar la conducta adecuada es una de las mejores maneras de enseñar. Así que, cuando y si vuelves al salón este otoño, hazles saber tus preocupaciones a las familias de tus alumnos (lo más probable es que compartan las mismas) y cuéntales cómo piensas manejar tu salón de la manera más segura posible. Usa tu mascarilla todo el día, lávate las manos con frecuencia y deja que te tomen la temperatura junto a tus alumnos para normalizar estos cambios. Anima a las familias a hacer lo mismo en casa. Cuidar tu seguridad y la de las familias a las que atiendes va a requerir, sin duda, de toda una aldea.
También recomendamos que te empujes a recordar qué te llamó a la profesión docente. Busca alegría en el papel que cumples y mantén a tus alumnos enganchados con un currículo emergente y creativo, que no solo capte y atienda los intereses del niño, sino también sus preocupaciones e inquietudes. Incluye momentos de círculo durante el día para conversar sobre los cambios, como los nuevos protocolos de seguridad con mascarillas, el distanciamiento social y la necesidad de lavarse mucho las manos. Cuando aparezcan preguntas sobre el COVID-19 y sobre las nuevas precauciones en el salón, sé honesto con tus alumnos, de forma adecuada a su edad.
Si, por ejemplo, preguntan por qué tienen que usar mascarilla, cuéntales para qué sirve y cómo va a mantener seguros a los demás. Haz agradables las tareas rutinarias como lavarse las manos creando un cuadro de calcomanías para llevar la cuenta de cuántas veces van al lavamanos, o presentando una canción para lavarse las manos. Impulsa y anima las conversaciones sobre lo que sienten y comparte lo que sientes tú, lo que ayuda a dar el modelado que los niños necesitan mientras aprenden nuevas maneras y nuevas razones de lo que se espera de ellos y por qué. Identificar lo que se siente es la primera parte de un proceso que también implica encontrar juntos soluciones a las preguntas y preocupaciones que van apareciendo. Tu apoyo, tu guía, tu modelado y tu contención van a ayudar a reducir su ansiedad para que puedan seguir disfrutando, enganchándose, aprendiendo y floreciendo.
En Housman Institute reconocemos la incertidumbre y la ansiedad de este momento, ¡pero seguimos creyendo en sus cualidades creativas y resilientes, que no tienen fin!



