La salud mental de alumnos y maestros tiene que ir primero

EdWeek publicó hace poco un artículo de opinión, “What Districts Need When Investing Their Funds”.1 Los autores identificaban varias áreas, como las tutorías, el aprendizaje de verano y la instrucción troncal. Hacia el final señalaban que habría que priorizar los apoyos a la salud emocional y mental.

 

Como psicóloga con más de 35 años en el campo del desarrollo infantil y la educación de primera infancia, coincido en que el aprendizaje emocional y la salud mental deberían ser prioridad, y deberían priorizarse por encima de todos los demás apoyos.

La pandemia hizo estragos en la salud mental de personas de todas las edades. Esta crisis de salud mental agravada, que enfrentan los niños y los adultos que los cuidan y les enseñan, tiene consecuencias a corto y a largo plazo.

Aunque los adultos también son vulnerables al estrés y a la ansiedad, lo ideal es que ya hayan aprendido a manejar las emociones difíciles. Muchos niños, en cambio, todavía no aprendieron habilidades de autorregulación y no tienen las herramientas para atender como corresponde los desafíos emocionales intensos. El resultado: menos aprendizaje y peor desempeño académico, incapacidad de relacionarse e interactuar con empatía con sus pares, y mal manejo de la frustración, todo ello expresado en problemas de conducta desregulada.

El cerebro en desarrollo crece a toda velocidad durante los primeros años de vida, formando un millón de conexiones neuronales nuevas por segundo. El funcionamiento del cerebro es la interacción entre la genética y la experiencia. Dado que los circuitos emocionales y cognitivos están relacionados entre sí, las experiencias positivas de aprendizaje emocional fortalecen no solo la regulación de las emociones, sino también las conexiones neurológicas dentro de la corteza prefrontal, el epicentro cerebral de las funciones ejecutivas como la memoria, la atención y la resolución de problemas, habilidades cognitivas necesarias para aprender. Cuando el cerebro está desbordado por una emoción desregulada, no puede aprender. Hay que enseñarles a los niños a regular sus emociones. Por eso la salud mental tiene que priorizarse por encima del desempeño académico: porque es la base de la excelencia académica.

A la hora de decidir cómo asignar mejor los fondos federales, los distritos deberían atender primero la salud mental de los niños y de los maestros como un todo. Un enfoque uno a uno, como sumar orientadores, aunque sea adecuado en algunos casos, no va a resolver la salud mental del conjunto. Maestros y niños necesitan que el aprendizaje emocional sea un modelo de intervención preventiva entretejido en sus actividades de todos los días. Aunque invertir en herramientas y programas para mejorar los resultados académicos es importante, la salud mental tiene que ser la prioridad número uno, porque sostiene el camino hacia una imagen fuerte y positiva de uno mismo, relaciones interpersonales sanas y éxito académico.

Referencias

  1. Forte, D., & Kane, T. J. (10 de enero de 2023). What Districts Need When Investing Their Funds. Education Week. https://www.edweek.org/leadership/opinion-education-recovery/2023/01

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Dr. Donna Housman

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