Hoy se entiende ampliamente que construir una base de éxito emocional aporta los cimientos del éxito académico y del éxito para toda la vida. Nueve distritos escolares de Massachusetts, al parecer reconociendo los resultados que puede traer esa enseñanza, se unieron hace poco para implementar currículos de inteligencia emocional para sus alumnos. Aunque hay que reconocerle a nuestro estado que sea consciente del papel importante que cumple la inteligencia emocional en el desarrollo de los niños, ¿estamos llegando a ellos lo bastante temprano?
El cerebro se desarrolla rápidamente durante los tres primeros años de vida. Desperdiciamos un tiempo valioso si esperamos a que nuestros niños tengan seis años para empezar a enseñar competencias de inteligencia emocional. Un enfoque proactivo, y no reactivo, que empiece en los tres primeros años de un niño le permite cultivar con más eficacia las construcciones de la inteligencia emocional, a la vez que acompaña a las personas cuidadoras principales y a los educadores mientras sostienen esas mentes que están creciendo.
Este enfoque está sostenido y respaldado por la neurociencia. El Harvard Center for the Developing Child publica con frecuencia artículos y documentos de trabajo sobre estos temas, y reitera lo imperioso que resulta el desarrollo de los tres primeros años.
En el día a día de nuestra escuela laboratorio, Beginnings School and Child Development Center, se ha visto que enseñar las construcciones de la inteligencia emocional desde el nacimiento tiene un impacto profundo en nuestros niños. Los niños son más capaces de regular y expresar sus emociones, se vuelven sensibles y empáticos ante las emociones de los demás, resuelven problemas y llegan mejor preparados al kínder.
En un momento en que la inteligencia emocional aparece como prioridad en la educación de K-12, correr la atención hacia impulsar las construcciones emocionales desde el nacimiento nunca fue tan pertinente.



