Nuestras vidas quedaron a la deriva en medio del torbellino de estos días, y el vuelco de las rutinas dejó a todos los niños, a las personas cuidadoras y a los educadores con niveles extraordinarios de estrés y de ansiedad. Los días de escuela, que solían pensarse como la parte más arraigada y previsible de la vida de los niños, ya no les dan la estabilidad ni el apoyo que necesitan. Con lo impredecible y el ir y venir entre la escuela presencial, la educación en línea, el aprendizaje a distancia y las clases por Zoom, los niños, las familias y los educadores no han podido encontrar su punto de apoyo.
La preocupación muy real por cómo están aprendiendo los niños y por lo que se están perdiendo académicamente se sumó al impacto que estos tiempos tienen en su crecimiento emocional y en su bienestar. Un segmento reciente de NPR arroja luz sobre estos desafíos emocionales y aborda el hecho de que los niños están viviendo un trauma ligado al aislamiento, alimentado por lo impredecible, y que necesitan nuestro apoyo más que nunca. ¿Cómo pueden las familias y los maestros encontrar maneras de ayudar a los niños a hablar de lo que sienten y de su ansiedad por lo que están viviendo? ¿Cómo los ayudamos a seguir adelante cuando no podemos ver lo que viene?
La falta de constancia en las rutinas, dentro y fuera de la escuela, nos está haciendo perder oportunidades de conversar sobre cómo se sienten los niños. Como resultado, es más probable que se guarden lo que sienten, lo que lleva a una sensación de vulnerabilidad y de falta de control. Esas sensaciones son especialmente palpables en los niños pequeños, para quienes tener una rutina clara es crítico. Sin la estructura de un entorno escolar constante, el estrés y la ansiedad de los niños se acumulan y dejan poco espacio en el cerebro para un aprendizaje real. Los niños aprenden sus habilidades emocionales de base sobre todo a través de la comunicación y de los intercambios con otros, especialmente con los adultos importantes de su vida. Como plantea el segmento de NPR, un enfoque posible es que familias y maestros trabajen con los niños desde una mirada informada por el trauma, dándoles tiempos adicionales y más extensos para hablar de lo que sienten y compartirlo.
Sin embargo, en el entorno de aprendizaje en línea de hoy, ese es un desafío que les dificulta tanto a las familias como a los educadores ofrecer algo parecido a oportunidades constantes de comunicación para los niños. Es crucial que, como familias y como educadores, pensemos fuera de la caja para darles a los niños esas oportunidades de expresar y compartir lo que sienten, de escuchar y ser escuchados por otros, y de sentirse cómodos hablando de sus emociones de una manera segura y protegida. Estas son maneras en que podemos conectar de verdad con los niños en cualquier momento y en cualquier lugar, para ayudarlos a identificar, entender y manejar las muchas emociones y preocupaciones que todos estamos viviendo:
Escucha y reconoce lo que sienten los niños. Cuando escuchamos y reconocemos lo que sienten, aprenden que sus emociones son importantes y valoradas, lo que a su vez los ayuda a sentirse entendidos, conectados y no tan solos incluso en tiempos de aislamiento. Acercarse a lo que sienten los niños con apertura y comprensión los ayuda a sentirse escuchados, en lugar de juzgados o criticados por sus emociones. Esto es esencial para ayudarlos a sostener el estrés de forma positiva.
Sé honesto con los niños. Evita comentarios como “no tienes por qué preocuparte”. En cambio, prueba decir: “entiendo que estés preocupado. Yo también lo estoy, pero vamos a salir de esto juntos”. Compartir historias de esa preocupación común en tiempos de incertidumbre y de cambio puede ayudar a los niños a darse cuenta de que lo que sienten no es tan distinto y, sobre todo, de que no están solos.
Involucra a los niños en conversaciones sobre qué creen que están sintiendo los demás en este momento y qué pueden hacer para acompañar a sus amigos y familiares que quizá estén preocupados y asustados. Eso los va a ayudar a pensar en las emociones, en la causa de esa emoción, y a pensar un plan para que otros se sientan mejor.
Al hacerlo, los niños pueden pensar no solo en sus propias emociones, sino en las de los demás, mientras encuentran maneras de resolver problemas dentro y fuera de los momentos difíciles, y a la vez construyen empatía hacia otros.
Encuentra oportunidades diarias como las reuniones de la mañana por Zoom o el círculo matutino para que todos compartan lo que sienten, sus preocupaciones o sus ansiedades. Ese intercambio abre la puerta a que otros respondan y reflexionen sobre lo suyo. Incorpora la atención plena a esas oportunidades diarias e intenta volver a integrar alguna forma de rutina a tu día. Prácticas de atención plena como respirar o dibujar cómo se ve una emoción pueden dar sensaciones de tranquilidad incluso en medio del caos. Leer cuentos en voz alta e identificar en grupo qué sienten los personajes puede funcionar como rompehielos y ayudar a que los niños hablen más abiertamente de sus propias experiencias.
Intenta sostener la rutina y las tradiciones escolares, incluso en la escolaridad a distancia. Encontrarse con otros dentro de tu comunidad escolar, presencial o en línea, puede ayudar a sostener vínculos clave y a reforzar una sensación de normalidad.
Acompaña a los niños a manejar sus emociones con eficacia, para que puedan atender y sostener lo que sienten de una manera sana y productiva. Ayudarlos a identificar, expresar y sostener sus emociones y las de los demás es clave para impulsar una experiencia segura y ayuda a reducir la ansiedad. En este sentido, los niños son igual que nosotros. Cuando la ansiedad no nos abarrota el cerebro, tenemos más espacio cerebral disponible para aprender, resolver problemas, crear y explorar.
Estamos navegando juntos aguas sin cartografiar. No hay manual para enseñar y aprender en medio de una pandemia. Navegar estas aguas con seguridad nos exige trabajar juntos y centrarnos en lo que sí podemos hacer para acompañarnos unos a otros. Date permiso para respirar hondo y mirar las herramientas que sí tenemos a mano. Encontrar maneras creativas de conectar, prestar atención a cómo responden y expresan los niños lo que sienten, sostener toda la rutina posible y acordarnos de dedicar un rato del día a ayudar a los niños y a nosotros mismos a sentirnos en calma son todas maneras de sostener una sensación de normalidad. Al hacerlo, estamos permitiendo que sigan aprendiendo y creciendo las habilidades emocionales de nuestros niños… ¡y las nuestras! ¡A seguir navegando!
Próximamente: cómo asegurarte de cuidarte A TI, ahora y más allá.



