Responder a la rabia de los niños

Tómate un momento y piensa: ¿cuál es nuestra primera respuesta cuando nuestro hijo tiene un estallido de rabia? ¿Frenar la conducta? ¿O entender qué hay detrás de esa rabia, ayudarlo a él a entender qué hay detrás y cómo manejarla?

En un artículo reciente del Boston Globe Magazine, la educadora y madre Deborah Kris escribió sobre lo importante que es escuchar el lenguaje emocional de nuestros hijos. Eso significa oír lo que se muestra a través de su conducta, en lugar de limitarnos a manejar la forma en que sus emociones se expresan en actos.

¿Y si practicáramos acercarnos a nuestros hijos en lugar de mandarlos lejos hasta que se hayan recompuesto?”

-Deborah Kris, Boston Globe Magazine

Cuando vemos a un niño angustiado, nos tienta “arreglar” su conducta (y lo que siente) para que mejore o simplemente desaparezca. Después de todo, es lo que la mayoría vivimos de niños. Y si nos genera ansiedad e incomodidad nuestra propia rabia y nuestra propia tristeza, va a ser difícil acompañar las emociones intensas de nuestros hijos.

Demasiadas veces nuestra meta puede ser eliminar la conducta y lo que se siente, en lugar de girar hacia ello con comprensión y apoyo, y escuchar de verdad la angustia que su conducta está gritando.

Reconocer nuestras propias emociones

El desafío más difícil para la mayoría de las familias —sobre todo si nos incomoda un poco expresar nuestras propias emociones— es quedarnos con nuestros hijos cuando están atravesando una emoción difícil.

Su experiencia de estar fuera de control, de no estar al mando de sus emociones, se siente como una extensión de nosotros: algo influido por nosotros, algo que habla de nosotros, algo que nosotros tampoco controlamos. Lo que se activa entonces es el deseo de arreglarlo, y arreglarlo es un eufemismo de hacerlo desaparecer.

Sin embargo, hacer desaparecer sus conductas no ayuda a que un niño aprenda a expresar y a regular sus emociones de manera sana cuando vuelva a sentir algo parecido. Necesitan que se les guíe sobre qué pueden hacer.

Ayúdalos a identificar sus emociones

Todos hemos vivido esa insatisfacción de recurrir a un familiar, a un colega o a un amigo buscando apoyo y comprensión y encontrarnos con que, automáticamente, nos ofrecen soluciones. Básicamente, lo hacen desaparecer cuando la mitad de nuestro problema es querer ser escuchados y entendidos.

La persona que quiere ayudar muchas veces te deja sintiéndote incomprendido.

Por eso la reacción que ves en tu hijo cuando intentas responder con soluciones razonables es rabia y frustración. Tu corazón está en el lugar correcto. Pero la verdadera solución no es que alguien aparezca con el arreglo. Es que alguien aparezca a escuchar con apoyo, a empatizar.

Una vez que sabes que entienden cómo te sientes, ahí sí se siente bien que trabajen contigo para descubrir qué hace falta.

Hazles saber que todas las emociones están bien

Quiero que mis hijos y mis alumnos aprendan que no existe tal cosa como una emoción buena o mala, que no hay vergüenza en la rabia ni en el miedo. Pero eso solo puede pasar si estoy dispuesta a hacerle lugar a su angustia. Y al hacerlo, tengo que pelear contra el instinto de “arreglarles la emoción” saltando con consejos o con distracciones.” –Debra Kris

El mensaje de que todas las emociones están bien es uno de los más difíciles de sostener en los hechos, porque muchas veces sentimos que las nuestras no están del todo bien y trabajamos duro para aplastarlas. Que no es el mensaje que queremos pasarles a nuestros hijos. Los niños, al fin y al cabo, son detectives emocionales: captan nuestras señales y nuestras reacciones emocionales.

El mejor mensaje es mostrar honestidad con tus emociones y hacerles saber a nuestros hijos que todas las emociones están bien, y que lo que importa es qué hacemos con ellas.  Es importante darte cuenta de tus emociones, entenderlas y saber cómo manejarlas mejor, porque solo entonces puedes estar listo para el arreglo. Y recuerda: que la emoción esté bien no significa que la conducta lo esté.

En lugar de tiempo fuera, prueba tiempo dentro

Los niños necesitan que se les guíe sobre cómo expresar sus emociones de forma adecuada y cómo regularlas y calmarse. Cuando los mandamos al tiempo fuera, los dejamos intentando resolverlo solos, sin devolución ni enseñanza, lo que muchas veces los lleva a bloquearse para poder sostenerlo.

En lugar de dejar a los niños sin herramientas para atender sus emociones, una mejor opción es quedarse con el niño, acompañarlo con palabras a través de lo que siente y trabajar juntos para calmarse mediante la corregulación. Eso puede incluir estrategias como la respiración profunda, contar o usar una herramienta de regulación como una botella de la calma.

Después de que el niño se regule, armen un plan

Cuando el niño se calme, asegúrate de hablar con él y armar un plan de qué hacer la próxima vez que aparezcan emociones fuertes. Ayúdalo a reconocer cómo se ve y cómo se siente cuando tiene emociones fuertes: la cara caliente y roja, los pies pateando el piso, los puños apretados. Ayúdalo a reconocer qué conductas no están bien en esos momentos y cuáles son mejores. Quizá en lugar de gritar pueda intentar calmarse y después usar una voz tranquila. Quizá en lugar de tirar cosas o de pegarle a la gente, pueda apretar un peluche o darle puñetazos a una almohada.

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Dr. Donna Housman

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