Para todos los niños, el juego es el “trabajo” de un niño y es esencial para desarrollar la base de las habilidades sociales, emocionales y cognitivas. Un montón de investigación muestra que el juego no estructurado es una necesidad fundamental para que los niños florezcan física, emocional, mental y socialmente.
La importancia del juego es algo que he subrayado una y otra vez en mi propio trabajo educativo. Sobre todo en los niños pequeños, el juego creativo les da la oportunidad de relacionarse con el mundo que los rodea de una manera que la enseñanza dirigida no replica. Desde que nacen, los bebés y los adultos se comunican metiéndose en intercambios de juego como el escondite, las palmaditas y muchas veces imitando los gorjeos y los balbuceos del bebé: todas maneras de fortalecer los vínculos sociales y de construir los circuitos cerebrales de los niños. Estos intercambios de juego forman el andamiaje emocional necesario para un desarrollo sano.
Por qué importa el juego
Como adultos, cuando pensamos en el juego solemos abrazar la idea de escapar del trabajo y saboreamos la fantasía de simplemente poder divertirnos. Por desgracia para nosotros, tendemos a creer que el juego y el trabajo se excluyen mutuamente. Para los niños, en cambio, el juego es su “trabajo”, y se lo toman muy en serio. El juego es una parte esencial de la vida de un niño para su salud general, su aprendizaje y su bienestar, en particular en momentos de estrés. A través del juego creativo, los niños se vuelven independientes al aprender la lección poderosa de llevar sus propias ideas a buen puerto. El juego les permite interiorizar conceptos importantes y representarlos en la vida real de una manera activa, disfrutable y flexible, que se centra en el proceso de aprender y no en el producto. El juego es el vehículo por el que los niños procesan, resuelven y atraviesan su mundo emocional y social cuando enfrentan experiencias cotidianas o hechos nuevos. Esas experiencias incluyen que un padre o una madre esté lejos, que una mascota esté enferma, no poder ver a un amigo o tener que atender los cambios y desafíos que trajeron la pandemia y el distanciamiento social. El juego les da oportunidades de crear maneras de estar al mando y en control en esos tiempos de incertidumbre, ansiedad y estrés. Como resultado, el juego les permite adquirir habilidades críticas de desarrollo que pueden servirles el resto de su vida.
Qué es el juego
Hay muchas definiciones de “juego”, pero cuando pensamos en el juego de los niños pequeños es importante que sea imaginativo, creativo y dirigido por los propios niños, como el juego de fantasía y de hacer de cuenta con materiales que decide y elige el niño. A través del juego imaginativo, los niños también aprenden autorregulación y control de los impulsos. Cuando pueden diseñar su propio juego, se vuelven director, productor y actor, con una sensación de decidir y de controlar. ¿En qué otro lugar puede un niño tener tanto control sobre sí mismo, cuando la mayor parte del tiempo le están diciendo qué hacer, cuándo hacerlo y muchas veces cómo debería hacerlo? Dejar que los niños dirijan su propio juego les da control creativo y propiedad sobre su entorno, y les permite expresarse sin inhibiciones. Eso, a su vez, alimenta su curiosidad, estira su mente e impulsa más aprendizaje. Aunque el juego no es el único aspecto importante del aprendizaje en la primera infancia, ayuda a impulsar una cantidad de resultados educativos que el aprendizaje más formal, dirigido por el docente, no impulsa. Por ejemplo:
- El juego dramático desarrolla el autocontrol y la autorregulación. Aunque el juego suele asociarse con la libertad, el juego dramático está en realidad autorregulado. Tomemos el ejemplo de unos niños jugando a los policías: si un niño empieza a llorar, los otros pueden señalarle que los bomberos no lloran, y ese niño va a tener que ejercer autocontrol si quiere seguir siendo bombero. Los niños pueden explorar distintos roles e ideas a través del juego imaginativo, incluidos nuevos conjuntos de reglas sobre cómo relacionarse entre ellos y con su entorno. Sostener la narración les da la oportunidad de practicar la autorregulación dentro de las reglas que ellos mismos crean.
- El juego de roles aumenta la concentración y el tiempo de atención de un niño. La investigación muestra que la capacidad de un niño de controlar sus impulsos es mayor cuando imagina una escena dramática que en una situación que no es de juego. Cuando se les pidió quedarse quietos el mayor tiempo posible, los niños de 4 años no solían pasar del minuto, pero cuando se les pidió que se imaginaran guardias de un castillo se quedaron quietos hasta cuatro minutos.
En conjunto, la investigación demuestra que el juego creativo ayuda a desarrollar y fortalecer las habilidades emocionales, cognitivas y sociales de los niños, mientras cultiva capacidades de resolver problemas, de ponerse en el lugar del otro, de empatía, de compasión y de resiliencia. El juego creativo e imaginativo impulsa y potencia además la concentración, el autocontrol y la regulación: todo crítico para alcanzar el éxito académico, social y personal a lo largo de la vida.
Con la presencia de las familias como facilitadoras que ayudan a estirar el juego imaginativo de su hijo, el niño construye una base de independencia sabiendo que sus ideas se valoran y valen, y que puede resolver situaciones con éxito mientras desarrolla pensamiento crítico y practica la resolución de problemas. Cuando las familias pueden impulsar en casa los intercambios de juego, no solo están ayudando a construir el cerebro en desarrollo de sus hijos, sino que también ayudan a reducir la tensión y el estrés mientras construyen resiliencia, fortaleza y capacidades positivas para sostener lo difícil: justo lo que todos necesitamos ahora mismo, ¡y encima divirtiéndonos!



