Se supone que las fiestas son la época más alegre del año, llena de risas y de momentos para atesorar. Tomemos la “f” de “fiestas” y pensemos qué emociones nos vienen a la cabeza en estos días. Lo primero que solemos sentir es felicidad. Otras emociones lindas con “f” que aparecen son: fe, fortaleza y fraternidad. Pero hay otras palabras con “f” que, para mucha gente, también están muy presentes en las fiestas: sentirse fatigado, frenético, forzado, frágil, furioso, fuera de lugar, fatal, con el corazón fracturado y sin fe en nada.
La disonancia entre lo que sentimos por dentro y el clima y la actividad que nos rodean puede generar muchísimo estrés, y agravar e intensificar emociones que ya estaban ahí, como la ansiedad, la depresión, la soledad y el aislamiento. El resultado: las fiestas pueden ser una época de más estrés y más ansiedad.
Después de todo lo que hemos atravesado estos últimos años de imprevisibilidad constante, interrupciones, aislamiento y conflictos en distintas partes del mundo, muchas personas han vivido, en mayor o menor grado, más ansiedad y más depresión. Súmale a esas emociones que ya venían a fuego lento —si no hirviendo— las expectativas de las fiestas, que pueden traer dinámicas y disfunciones familiares, preocupaciones y ansiedad por el dinero, y la sobreestimulación de la publicidad y el bombardeo comercial.
Además está la alteración natural de las rutinas del día a día (por ejemplo, las horas de comer y de dormir) y de las expectativas ya instaladas (por ejemplo, cepillarse los dientes, la hora del baño, ayudar a ordenar), que dan una sensación de foco, calma, seguridad y protección. Cuando esas rutinas que calman se dan vuelta, uno queda fácilmente consumido por el calor del momento, intentando mantener el equilibrio mientras se tambalea al borde del límite.
Qué causa el estrés de las fiestas en los adultos
Según la American Psychological Association, el 44 % de las mujeres y el 31 % de los hombres dijeron que sus niveles de estrés eran más altos de lo normal durante las fiestas.
Entre los factores de estrés de las fiestas están:
- Las presiones económicas: el costo de los regalos, los viajes y otras actividades de las fiestas
- Las tareas de las fiestas: las compras, mantener sana a la familia y preparar las comidas
- Las reuniones familiares: las críticas de los familiares y hacer de anfitrión
- Los compromisos sociales: fiestas una detrás de otra y visitas en casa
- La soledad: sentirse solo y aislado
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Qué causa el estrés de las fiestas en los niños
¡Los niños también se estresan!
Los niños están muy atentos y son muy sensibles a los cambios y a la sobreestimulación que trae el frenesí de las fiestas. Los preparativos y el ajetreo de la temporada pueden desbordar a los niños con facilidad, como si estuvieran en un subidón de azúcar permanente.
Los niños son detectives emocionales finísimos: captan nuestro propio estrés y nuestra ansiedad, responden a ellos y los suman a los suyos, que ya venían de los cambios de rutinas, de las expectativas y de leer el ánimo de las familias y de los adultos. Y los niños responden en la misma moneda.
¿Entonces a qué le prestamos atención? Los niños expresan las emociones en actos y conductas, así que hay que estar atentos a cambios como estos:
- Quejas físicas
- Cambios en el sueño o en la alimentación
- Conductas que retroceden a etapas anteriores
- Estallidos
- Conducta desafiante
- Más apego de lo habitual
- Retraimiento
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Cómo pueden las personas cuidadoras aliviar el estrés de las fiestas en los niños
¿Y entonces qué hacemos? Los niños aprenden por imitación, por observación y por la forma en que los modelamos, los guiamos y les respondemos a ellos y a los demás. Aquí van algunos consejos para acompañar a los niños en esta época tan emocionante como agitada y estresante:
- Evita sobrecargar la agenda; los niños necesitan menos estímulos, no más. Dales un rincón acogedor donde puedan bajar revoluciones y hacer actividades que relajen.
- Los niños necesitan rutinas constantes y saber qué va a pasar, porque eso impulsa la sensación de seguridad y protección.
- Lo que sienten los niños necesita ser reconocido, aceptado y validado. Aceptar lo que sienten no significa aceptar la conducta.
- Por último, hazles a los niños preguntas abiertas de “qué” y no de “por qué”, como “¿qué estás sintiendo?, ¿qué hizo que te sintieras así?”, Y hazlos parte de la solución, para que tengan una sensación de control.
Y para terminar, recuerda que primero tienes que atender tus propias necesidades emocionales para poder acompañar a tus hijos: la regla de la máscara de oxígeno. Maneja tu propio estrés. Eso se puede hacer con herramientas como darle prioridad a bajar la tensión antes y después de tener que interactuar con un familiar difícil. Entre las técnicas efectivas para manejar el estrés están meditar, salir a caminar, escribir lo que piensas o conversar con un amigo cercano.
Al manejar tus propias emociones, puedes modelar y guiar la expresión emocional y las formas de sostenerla para tus hijos.
Al poner como prioridad tus emociones y las de los niños que te rodean, puedes ayudar a que las fiestas sean alegres y luminosas para las personas que más quieres en tu vida, ¡incluido tú!



