¡Llegaron las fiestas: música, luces, comida, familia y amigos! Las fiestas traen un montón de oportunidades… y de desafíos. Es una época llena de ocasiones para encontrarse, conectar y compartir con familiares y amigos, o quizá simplemente para disfrutar la propia compañía, y eso puede darnos ilusión, felicidad, plenitud, gratitud y alegría. Pero también puede haber dificultades al conectar, encontrarse y compartir con otros, porque implica exponerse a viejas historias de épocas difíciles, a diferencias de ideas, de pensamientos, de valores y de creencias, y eso crea tensión, estrés o ansiedad que muchas veces termina en decepción, insatisfacción o desánimo, y nos deja sintiéndonos solos.
En algunas familias, la tensión de las fiestas es silenciosa, de las que van por debajo: dientes apretados y pullas sutiles, como caminar por un campo minado a oscuras. En otras es grande, ruidosa y caótica. Casi todos aprendimos de nuestra propia historia cómo lidiar con las emociones grandes en pleno momento: apagándonos, yéndonos, o saltando como un corcho, o con esa tensión que retumba por dentro como si fuéramos a estallar, y muchas veces saltamos antes que el corcho del champán. Entonces, ¿cómo manejamos el drama inevitable que dispara las emociones grandes y nuestros detonantes cuando nos enfrentamos a la dinámica familiar de siempre?
Cómo lidiemos con esas emociones tan probadas va a decidir si terminamos con una sensación de contento, de satisfacción y de felicidad, o con una de descontento, de insatisfacción o de infelicidad. Y aunque las dos vengan cargadas de emociones grandes —positivas o negativas—, la llave de unas fiestas en paz está en cómo manejamos esas emociones.

¿Qué podemos hacer para estar preparados y ayudar a domar a nuestro Grinch interior?
- Sintoniza con tu cuerpo y escúchalo para notar cambios, como que se te acelere el corazón: eso te permite darte cuenta de tus detonantes emocionales antes de que se desborden. Puedes respirar hondo, estirarte, hacer yoga o simplemente tomarte un espacio para ti.
- Date cuenta de tus emociones y de las sensaciones de tu cuerpo poniendo la atención en lo que sientes en este momento, y practica la atención plena conectando con tu respiración y buscando maneras de ponerte a ti en primer lugar.
- Practica la autorreflexión examinando tus propios pensamientos, sentimientos y actos. Pregúntate “¿qué me hizo sentir así?”, “¿qué podría haber hecho distinto?”, “¿cómo podría haber hecho la situación más positiva y hacerlo mejor la próxima vez?”. Ya sea escribiéndolo o diciéndolo en voz alta, eso te ayuda a darte mejor cuenta de qué hay detrás de la emoción. Cuando nos miramos por dentro, pensamos con más claridad para resolver problemas, concentrarnos, enfrentar desafíos y usar las habilidades necesarias para hacer un plan y manejar las cosas mejor la próxima vez.
- No olvides ponerte a ti y a tus necesidades en primer lugar, haciendo tiempo y espacio para lo que te da calma y te permite cuidarte y quererte en estas épocas agitadas. Sea escuchar música, salir a caminar o simplemente estar con un amigo, ese tiempo es tuyo y para ti.
Al reconocer lo que te está pasando, hacerte espacio y poner en práctica algunas de estas estrategias para calmar los nervios y bajar el estrés, no solo vas a ayudarte a ti a modelar, guiar y enseñar esas mismas habilidades a tus hijos o a tu pareja: también vas a allanar el camino hacia unas fiestas más alegres, menos ásperas y más tranquilas, con esa sensación de contento que tanto esperamos. Recuerda que nuestros hijos son detectives emocionales, siempre mirando y absorbiendo las emociones y las respuestas emocionales de quienes los rodean. ¡Al cuidar mejor cómo manejas lo que sientes, vas a hacer que la temporada sea todavía mejor para los pequeños de tu vida!
¡Felices fiestas de parte de tu familia en Housman Institute! 🎊



